La apuesta
— contraataco la rubia, odiaba ver cómo se daba por vencida en el amor su regordeta amiga.
— No diré más, tú tienes salvación yo no, jamás estaremos de acuerdo, y no pienso discutir contigo, por lo menos no hoy.
Los hombres se mantenían en silencio escuchando al máximo todo lo que estas mujeres tenían para decir, Deivid vio una posibilidad, Rene seguía creyendo en el amor, pero ¿sería justo jugar con ella? ¿Él la amaba? No, solo quería una noche de lujuria y pasión.