Placer y Traición
—Pues sí que será problema mío si me voy a tomar por culo de aquí ahora mismo, guarrilla del tres al cuarto.
Aquel hombre que no paraba de insultar a todo el mundo, al parecer, se apellidaba Amatista. Y, según palabras de Ramón, era el único contacto con el que se podía llegar a un acuerdo dentro de esa organización criminal. El otro, el señor de color que acababa de bajar a dar la luz de vuelta, se llamaba Samuel, y parecía ser una persona mucho más razonable que la primera.