La obsesión de un Ángel.
En San Francisco, la gran sombra italiana y el fénix se preparaban, Estefanía Santoro y su esposo nunca habían dejado sus armas, a falta de un heredero, ya que su hijo Saimon había decidido trabajar con Amir, no podían darse el lujo de solo retirarse, y como siempre, la santa de Alejandra Santoro y su esposo Simón Rossi, conocido como la bestia, le cuidaban las espaldas.
En Washington, la Dulce princesa esperaba el mensaje de su padrino Hades, sería la tercera vez en la vida que la hija de Valentina Constantini tocara un arma, solo por la familia haría algo como eso, sus tres esposos estaban entre excitados y sedientos de sangre, el demonio, como lo llamaban a Pedro Sandoval, era un sicario