Quiero que me seas infiel
Sé que no lo sabe.
Estefanía no tenía fuerzas ni para hablar.
—Estefanía, ¿se siente usted bien? —preguntó Carmen, que estaba a su lado.
—Sí, sí, no te preocupes —contestó Estefanía sabiendo que, en ese momento, era cuando más fuerte debía mostrarse—. Creo que la sopa estaba muy salada y me dio un mareo, pero ya, no ha sido nada.
—¿Tú qué crees, amor? —preguntó Antonio a Estefanía, en apariencia, sin haberse dado cuenta de la palidez en el rostro de su esposa— ¿Te parece que Héctor se parece a Sergio y Marco a mí?