EL GUERRERO DE MI CORAZÓN
Demonios, la amaba.
Conmocionado por haber reconocido al fin sus propios sentimientos, dejó que los demás se deleitaran en su presencia mientras él se calmaba y reflexionaba sobre su oferta. Él, por ejemplo, no necesitaba su ayuda. Podía escabullirse de cualquier barricada, especialmente, al amparo de la oscuridad. Pero a Kamila le vendría bien un descanso.
—¿Puedes llevarnos a Leone Vou Vineyards? —preguntó.