OSCURO
Era ilógico pensar que se podía tener paz en el infierno, una caldera llena de dolor, sangre, en cada hilo de fuego, millones de desgracias.
En ese instante lo creyó, hasta que su piel empezó arder gracias a la presencia siniestra de un ser que calcaba su mirada volcánica en su piel desnuda, al traspasar el fondo inquisitivo de sus ojos azules, los abrió, ambos se conectaron en una guerra de energías visuales.
La suya fue vencida al bajar centímetros y encontrar en ese recorrido el magnus pene erecto del Carmesí, la redonda cabeza brillaba, parecía señalarla. Aparto la observación con vergüenza.