Corazón de piedra
Tres minutos se habían pasado, pero para Rocco, fue una eternidad. Él fijó su reloj con insistencia, su mirada endureciéndose. Con cada segundo que pasaba, su irritación aumentaba. Odia esperar, especialmente cuando se trataba de un hombre como Alessandro Volta, un rival en el mundo de la mafia. Pero esta vez, no iba a permitir que pasara. Planeaba hacerle entender a Alessandro que nadie, ni siquiera él, podía permitirse hacerlo esperar.