Cuando la luna susurra mi nombre
Cuando el avance enemigo se detiene, no por derrota total sino por repliegue calculado, sé que este capítulo no cierra nada, que apenas establece una nueva gramática para lo que vendrá, un lenguaje donde poder, deseo y memoria ya no compiten por primacía, sino que se entrelazan de formas que todavía no comprendo del todo.
Miro a Aeshkar una vez más, y en su expresión encuentro algo que no esperaba: no posesión, no dominio, sino una expectación peligrosa, como si también ella estuviera aprendiendo a sostener lo que ha despertado entre nosotras.
Y mientras el mundo se reacomoda alrededor de esta verdad recién afirmada, entiendo que la herida que llevo ya no busca cerrarse, sino aprender a cant