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Ellos Eligieron a esa Omega, Yo Elijo la Libertad

Ellos Eligieron a esa Omega, Yo Elijo la Libertad

Tanto mi compañero como mi propio hermano se enamoraron de una omega de clase baja. Mi compañero, Kael, seguía posponiendo nuestra Ceremonia de Emparejamiento. —Elara, naciste para ser la Luna perfecta. Ella… ella no tiene nada. Solo dale tiempo, ¿sí? Mi hermano, Liam, rompió la promesa que le hizo a nuestra madre moribunda. —Dahlia está tan indefensa, Elara. Mi deber de protegerte se extiende a ella. Lo necesita más. En nuestro cumpleaños, Kael eligió consolar a una Dahlia histérica. En el aniversario de la muerte de mi madre, Liam estaba con Dahlia, llevando a su mascota recién adoptada al veterinario. Y cuando se pararon en el escenario con ella en la Cumbre de los Lobos, aceptando el premio de planificación estratégica que era mío… Rompí mi vínculo con la manada y me fui para siempre. Pero cuando finalmente se dieron cuenta de que ya no podían sentir mi presencia… Los dos hombres que me dejaron de lado por una Omega de baja cuna destrozaron el mundo, desesperados por encontrar aunque sea un solo rastro de mí.
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La Esposa y el Hijo Secreto del Rey Mafia

La Esposa y el Hijo Secreto del Rey Mafia

Mi hijo me pidió algo que no podía darle. —Solo tres oportunidades, mamá —susurró—. Si después de eso realmente no nos ama... nos iremos para siempre. Estaba hablando de su padre, Giovanni Romano, el heredero de un imperio mafioso y mi esposo solo de nombre. Él nunca nombró a mi hijo como suyo y no me dijo que me amaba ni una sola vez. En la primera oportunidad, a Giovanni le falló la memoria, en la segunda, mintió y en la tercera... rompió algo que ninguna disculpa podía arreglar. Así que empacamos nuestras maletas, tomé la mano de mi hijo y nos fuimos. Sin lágrimas ni despedidas, solo en silencio. La noche en que nuestro avión despegó, mi teléfono vibró. “Espera”, decía su mensaje. “Regresaré a casa”. Pero ya mi casa no estaba donde él estaba, sino donde mi hijo finalmente pudiera dormir sin llorar. Porque algunas promesas no se rompen, se destruyen, y algunas madres se cansan de esperar.
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La otra mujer del Don era su verdadera esposa.

La otra mujer del Don era su verdadera esposa.

Sus manos ásperas, marcadas por las armas, ardían sobre mi cintura. Había algo frío y posesivo en cada respiración suya, algo que explicaba perfectamente por qué era el Don de la Cosa Nostra más temido de toda Sicilia. Un timbre agudo rompió el silencio entre nosotros. Respondió en siciliano, con esa voz ronca y dura tan propia de él. Yo había aprendido el dialecto hacía años para encajar en su mundo, así que entendí todo lo que dijo. Su consigliere le gritaba por teléfono por haber presentado una licencia de matrimonio legal y válida con Sofia Lombardi, la mujer que lo abandonó después de que una bomba lo dejó sin voz durante siete años. La orden de Luca fue fría y letal, como un disparo. —Guarda la licencia original en la bóveda de la familia. Redacta una licencia de matrimonio falsificada e inválida para que Isa siga siendo sumisa. A los ojos de la ley y de toda su organización, yo no era más que su amante. Después de siete años entregándole mi vida, había quedado reducida a nada más que su amante. Otra llamada apareció en la pantalla. Luca me miró, con la mentira ya lista en su boca. —Asuntos familiares. Los escoltas te acompañarán a tu casa. No dije nada. Salí a la noche fría de Palermo mientras me temblaban las manos al llamar a su madre, Anna Vitali. —Acepto sus cincuenta millones de euros. Dejaré a Luca. Para siempre. Anna decía que Luca y yo éramos de mundos diferentes. Tuve que admitir que tenía razón. Esta vez, quiero irme con dignidad.
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Mientras él hacía de papi, nuestro cachorro murió

Mientras él hacía de papi, nuestro cachorro murió

Soy la compañera destinada del Alfa Asher. Su Luna, bendecida por la Diosa de la Luna. Pero cuando comencé a desangrarme, con la vida de nuestro cachorro pendiendo de un hilo, Asher estaba en una fiesta organizada para su cachorro —el cachorro de Seraphina— celebrando su primera transformación. Le grité a través de nuestro vínculo mental, suplicando ayuda. Él solo sonó molesto. —¿Sangrando? ¿Cuánto tiempo más vas a seguir con este acto? La última vez fue un dolor de cabeza que resultó ser nada. Ahora es un sangrado. Aurora, ya basta. Estoy en la fiesta de la primera transformación de Leo. Este es un gran día para él. No puedo simplemente irme. Entonces escuché al cachorro de Seraphina llamarlo «Papi», y la voz de Asher, tan llena de amor, respondiéndole. Antes de que pudiera decir algo más, cortó el vínculo de forma despiadada. Tres horas después, los médicos declararon muerto a mi cachorro. Le envié a Asher la «piedra de lobo» que contenía el alma destrozada de nuestro cachorro, y luego fui sola ante los ancianos de la manada. —Asher me ha traicionado. Exijo la ruptura de nuestro vínculo de compañeros.
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Renacimos los dos... y él terminó en la cárcel

Renacimos los dos... y él terminó en la cárcel

El día de la sentencia, mi prometido Diego González me tomó de la mano, sollozando, y me pidió que dejara de defender mi inocencia y firmara un acuerdo de culpabilidad. —Clara, sé que tú no hiciste nada… pero Isabella está esperando un hijo mío. No puedo permitir que ella vaya a la cárcel. Hazlo por tu bien, por favor —suplicó, con lágrimas que le empañaban la mirada. Sin dudarlo ni un instante, firmé el acuerdo. En mi vida anterior me negué a cargar con la culpa de Isabella García y, por eso, no solo terminé tras las rejas: la furia de Diego envió gente a torturarme hasta dejarme estéril. Esta vez me propuse complacerlo. A la mañana siguiente, los noticieros reventaron con la primicia de que yo había robado secretos comerciales de la Corporación López. Para colmo, Isabella se presentó como testigo. —Sí, fue ella; la vi con mis propios ojos infiltrarse en la compañía —declaró ante las cámaras. Pero aquella tarde, cuando inició la audiencia, el demandante Santiago López, director general de la corporación, retiró la acusación. Bajo la mirada atónita de la prensa, sacó un anillo, se arrodilló y me preguntó: —Clara, ¿en esta vida aceptarías casarte conmigo?
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En Vivo: La Hundí con Pruebas en Su Boda

En Vivo: La Hundí con Pruebas en Su Boda

Una empleada de mi empresa se fue a desahogarse en TikTok porque, según ella, yo no le aprobaba la licencia por matrimonio. “Tenemos un bajo índice de matrimonios, una baja natalidad, y es culpa de ustedes, malditos capitalistas. ¡Ni siquiera me apruebas la licencia por matrimonio! ¿Para ti solo soy una esclava? Me creí tus mentiras, eso de ‘vamos a ser una empresa de puras mujeres, una empresa amigable con las mujeres’, y mírate ahora: se te cayó la máscara; ya se te vio la cara de capitalista que exprime a la gente hasta dejarla seca.” El video explotó de la nada; un montón de jóvenes se sintieron identificados y se me fueron encima en redes, al punto de que hasta me mandaron navajas por correo. Yo, como jefa, me lancé a hacer un live y me le fui directo contra ella. “Lo siento, pero la licencia por matrimonio de Blanca no la voy a aprobar. Puede denunciar ante el Ministerio de Trabajo y pedir una audiencia de conciliación; si no hay acuerdo, puede demandarme en un juzgado laboral si quiere.” El live reventó de gente. Entre los que la apoyaban, aparecieron supuestos abogados y hasta se ofrecían a ayudarla gratis a demandarme, pero Blanca se quedó con el gesto tenso, como si no tuviera salida. “Yo solo quería mi licencia; nunca pensé en renunciar, y mucho menos en demandar a Samantha…”
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Cancelé la boda… y ahora él me debe todo

Cancelé la boda… y ahora él me debe todo

El aire del salón de alta costura parisino olía a dinero… y a miedo. Había esperado seis meses por mi vestido de novia. Ahora, descansaba sobre los hombros de Sofía Ross, la influencer del momento… y la ahijada de mi prometido mafioso, Vincent Cassio. El gerente del salón sudaba a mares, con la mirada saltando entre nosotros y el hombre recostado en el sofá de terciopelo. Vincent Cassio se puso de pie. Con un gesto despreocupado, acomodó el faldón bordado en diamantes sobre Sofía. —Su estreno la próxima semana necesita una pieza que impacte. Se lo está prestando. Elige algo del perchero y deja de hacer una escena. Su tono era plano. Definitivo. Bajo los candelabros de cristal, Sofía se admiraba en el espejo de cuerpo entero, una sonrisa de victoria dibujada en los labios. Yo miré mi reflejo en ese mismo espejo, vestida con jeans y una gabardina empapada. Parecía una turista perdida. De pronto, todo el último año de preparativos se sintió como una broma cruel. No grité. Solo sentí frío. Vacío. Me quité el anillo de compromiso de cinco quilates. Al chocar contra la mesa de cristal, sonó seco… irrevocable. —Tienes razón, Vincent. No necesito este vestido de novia. Lo miré, sosteniendo su mundo con la punta de los dedos, justo antes de soltarlo. —Esta boda… tampoco la necesito.
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Mi lazo sagrado: El hermano de mi ex

Mi lazo sagrado: El hermano de mi ex

Yo era la adivina personal de Tarot del Alfa. En la víspera de mi ceremonia de mayoría de edad, él me pidió que eligiera a uno de sus dos hijos como mi compañero. —Seraphina, quienquiera que elijas heredará todo lo que tengo, incluido el título de Alfa. En mi vida anterior, estaba perdidamente enamorada de su hijo menor, Theodore. Lo había elegido sin pensarlo dos veces. Pero el día de nuestra boda, él me encerró en el sótano y me atravesó el corazón con una daga impregnada de acónito. —Si no hubieras manipulado la lectura del Tarot para obligarme a casarme contigo, Sophia no habría huido de la manada con el corazón roto… y los cazadores no la habrían despedazado. ¡Ahora te enviaré al infierno para que supliques perdón! El veneno se extendió por mis venas. Solté un aullido desgarrador y morí sumida en la desesperación. Pero la Diosa de la Luna me concedió otra oportunidad. Había regresado, de pie justo en el mismo lugar donde estuve el día en que el Alfa me pidió que sacara una carta del Tarot. Mis dedos se quedaron suspendidos sobre la misma carta que había elegido en mi vida anterior. El Alfa me miró. —¿Esta? Sin dudarlo, tomé exactamente la misma carta. —Sí.
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52 Rechazos Hasta Dejar De Ser Su Luna

52 Rechazos Hasta Dejar De Ser Su Luna

Llevaba cinco años con mi compañero, el Alfa Callum Nash… pero ya había aplazado la ceremonia de coronación de la Luna cincuenta y dos veces. La primera vez, Seraphina Vance, una Omega renegada a la que Callum había acogido, perdió el control y se transformó en su forma de lobo en el campo de entrenamiento. Él corrió enseguida a calmarla… y me dejó sola, olvidada en el terreno sagrado durante todo el día. La segunda vez, a mitad de la ceremonia, Callum sintió que uno de los ancianos estaba molestando a Seraphina. Sin pensarlo, interrumpió el ritual de juramento y regresó a la manada solo para defenderla. Yo me quedé sola sobre el altar… escuchando cómo todos se reían de mí. Desde entonces, cada vez que intentábamos celebrar la ceremonia de coronación de la Luna, Seraphina siempre encontraba algún problema que necesitaba la atención inmediata de Callum. Al final… me cansé. Me cansé de esperarlo. Me cansé de creerle. Así que decidí romper nuestro vínculo de apareamiento. El día que abandoné el territorio de la manada, cuando Callum dejó de percibir mi olor… se volvió completamente loco.
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Diez años de amor ciego, mejor un despertar

Diez años de amor ciego, mejor un despertar

Lo primero que hice al regresar a la gala para elegir esposa fue intercambiar en secreto mi tarjeta numerada de candidata por la de mi hermana adoptiva. Cuando Fernando Romero tomó el ramo con el número de Lucía Benítez, se le desbordó la alegría en los ojos. Le sostuvo la mano y, solemne, le juró una vida entera. —Lucía, serás la única mujer de mi vida. Luego se volvió hacia mí y, de golpe, se le heló la mirada. —Siempre te vi como a una hermana. No intentes ocupar el lugar de Lucía. Aquel aviso frío me atravesó el pecho. Las habladurías me devoraron otra vez, igual que en mi vida pasada. Todos se burlaban de mí, la “arrastrada” de Fernando. Diez años detrás de él con el corazón en la mano… y el hombre terminó enamorado de la supuesta heredera, mi hermana adoptiva.
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