CONTRATO DE ACERO
Su maquillaje corrido, el cabello despeinado y los ojos inyectados de ira la hacen parecer una diosa caída del Olimpo.
–¿Sabes qué es lo peor, Liam? –murmura, clavando las uñas en el marco de madera. –Que todavía te amo. Sí… incluso ahora, incluso sabiendo que la besarás, que dormirás con ella, que dirás su nombre en voz baja– Comienza, pero mueve la cabeza tratando de borrar esas ideas. –Pero el amor, cuando no es correspondido, se convierte en algo más fuerte… más oscuro.
Gira sobre sus talones y se dirige a la mesa donde reposan sus planos. En ellos hay anotaciones precisas: fechas, ubicaciones, nombres de empleados, posibles rutas de escape.