El Halcón Dorado y la Rosa del Desierto
El calor de ese brillo viajó de la mano de Eleanor a la de Tariq, era el legado, la leyenda, activándose en el momento de máximo sacrificio, y del encuentro de las dos almas que se habían estado buscando desde el principio, durante tantas vidas, para confiar, perdonar y amarse sinceramente.
Eleanor levantó la mirada, sus ojos, aunque tristes por haber perdido a Omar, ya no eran los de la mujer asustada. Eran los de la guerrera, la que había jurado no perderlo todo de nuevo, en el presente. Ella entendió, rompe el ciclo, el ciclo de la traición y el sacrificio.
La Rosa había despertado.
Tariq la miró, el dolor lo había hecho invencible, soltó su mano, y se levantó lentamente, ¡El Halcón Dorad