He aprendido a leer señales pequeñas que, juntas, suelen decir más que una declaración directa. Si la hermana de tu ex te presta atención especial, lo notarás en cómo se comporta cerca de ti: busca excusas para sentarse a tu lado, mantiene el contacto visual más tiempo del habitual y sonríe de forma distinta cuando tú hablas. Además, fíjate si te toca el brazo o la espalda de manera casual —ese tipo de contacto que parece inocente pero se repite— y si su lenguaje corporal se abre (piernas orientadas hacia ti, torso inclinado, jugar con el pelo).
Otro indicador claro es la comunicación indirecta o a través de redes: comentarios seguidos en tus publicaciones, reacciones rápidas a tus historias o mensajes privados que empiezan siendo casuales y se vuelven más personales. También suele preguntar por ti a tu ex o a amigos en común: si hace preguntas como "¿cómo está?" o "¿sigues viéndolo?" con curiosidad genuina, eso habla de interés. En mi experiencia, juntar esas piezas —miradas prolongadas, proximidad física, mensajes frecuentes y preguntas a terceros— forma un patrón bastante fiable. Al final, lo que más me llama la atención es la coherencia: pequeñas señales aisladas pueden ser casuales, pero cuando vuelven una y otra vez, ya cuentan una historia propia.