La Jaula Dorada
Ella inspiró profundamente y, sin decir una palabra, comenzó a caminar tras él, sintiendo que cada paso la alejaba más de cualquier certeza que le quedara.
Elara entró en la habitación después de que el hombre que la había acompañado le mostrara el espacio donde se alojaría. A pesar de la fatiga que pesaba sobre sus hombros, no pudo evitar recorrer con la mirada cada rincón, intentando asimilar el lugar que ahora sería su refugio, al menos por esa noche.
—Si necesita algo, solo dígale a Luz y ella le traerá lo que precise —dijo Kadir, señalando con un leve gesto a la mujer que permanecía en la habitación.