El inválido y el amor eran mentiras
Tras insultar con rabia a la pareja infiel, golpeó la mesa:
—No te preocupes, Natalia, como máximo en dos semanas, nos libraremos de esa pareja sinvergüenza y viviremos nuestra vida feliz.
—Tómalo como una maldición amorosa que debe romperse: ser traicionada por tu verdadero amor.
—Cuando pase la maldición, ¡vendrá tu vida maravillosa!
—Sabes consolarme.
Natalia se rio por su comentario.
Pero, ¿podría considerarse Samuel su maldición amorosa?
La verdadera maldición amorosa, ya la había vivido hace muchos años...
Bera la conoció tarde, y Natalia no pensaba explicar mucho.