Esclava del Alfa Inmortal
Luisa, sin embargo, se encuentra en completo silencio, observando cada una de las estrategias, cada uno de los ataques y sobre todo cada evasión que parecía coreografiada por una especie de danza, hasta que finalmente el oso garra larga reconoció que no valía la pena continuar en la lucha y se insertó en medio de la oscuridad de la densa vegetación del bosque.
—Muchas gracias, —dice Luisa al mismo tiempo que comienza a levantarse.
— No, no te preocupes. Ese es mi trabajo, —dice el hombre con una sonrisa completamente desesperante.
—Yo soy Luisa, —dice ella. —¿Tú quién eres?
No recordaba haberlo visto en la aldea por ninguna parte y el peligro que emanaba de su cuerpo la ponía un tanto ansios