EL ALFA DE HIELO Y SU LUNA SIN LOBA
La hermosa sirena abrió los ojos, su mirada violeta estaba fija en ese rey que le robó el corazón, a quien amaba profundamente sobre todas las cosas
El Rey posó sus bellísimos ojos para mirar a su reina, ella estaba ahí, estaba tomada de su mano, ella lo miraba con tanto amor, era lo que había soñado, era lo que había deseado, él rey estaba loco de dicha
— No... no lo creo, ¡Me elegiste, apostaste por nuestro amor, tuve tanto temor de perderte, de que lo eligieras a él, por qué... es un ser extraordinario, pero me elegiste!