UNA LUNA PARA EL ALFA
Aquella mujer se encuentra detrás de ella, y colocando su mano en su hombro, esta habla por medio de sus palabras, y aunque sigue sin poder escuchar, sabe que ha colocado a aquel hombre en su lugar, pero entonces, cuando ella retira su mano de su hombro, puede verse a sí misma hablando, y en ese momento, sí puede escuchar sus palabras.
— Mi alfa…
Dos simples palabras, pero aquellas dos palabras son suficientes para hacer a su corazón latir con aun más fuerza.
— Mi Alfa… — Repite en tono bajo. Y aunque en un principio no entiende esas palabras ni a quien se refiere, no pasa mucho antes de que un nombre surja de sus labios. — ¡Lían!