Caer en Tentación
Tragué saliva con dificultad.
―Seguro que lo vas a disfrutar, Mía, no te engañes. Eres una zorrita que disfruta tentando a los hombres, sí, eres mía, eres mi zorrita, pero por eso mismo te estoy dando permiso de abrirle tus preciosas piernas y alimentarlo con tu cuerpo. Él lo necesita ―acotó como si tal cosa, mientras mi cuerpo y mente se hicieron un nudo muy enredado―. Tú lo necesitas, necesitas que alguien te tome como lo que eres, necesitas que un hombre te dome, te someta y luego te libere de las sujeciones absurdas de este mundo. Eres una puta, Mía, y como tal, debes darles rienda suelta a tus deseos. Y lo deseas ―remarcó, mirándome fijo, entre el enojo y algo más que no quise descubrir