ANSIANDO A ÉL
Se inclinó cerca, su aliento caliente contra mi oreja mientras susurraba:
«Oh, es solo una pastillita para ponerte cachonda, Angel. Algo que combine con esa actitud arrogante tuya, para que sientas lo que es desear en vez de controlar. Ahora siéntate ese bonito culo y abre esas piernas. Muéstranos qué hay bajo esa falda provocadora. Vamos, no luches; sabemos que en el fondo quieres soltarte»
Sacudí la cabeza furiosamente, la negación ardiendo en mi pecho, pero la droga nubló mi mente, mi cuerpo traicionándome con cada pulso.
Mis manos se aferraron al borde de la mesa y, contra mi voluntad, me recliné, separando las piernas solo un poco.
La lujuria lo nublaba todo, espesa y asfixiante.
Me gri