Relatos Prohibidos
Su lengua libertina revolvió mis entrañas al jugar con mis labios, al besarlos, mordisquearlos y explorar mis nervios con la punta, mientras sus dientes rozaron mi pequeño clítoris.
Tara se tocaba al lado de mi cara, sus dedos se adentraban y salían con violencia.
Me aferré a la cama, mis muslos sobre sus grandes hombros, su lengua rastrillando mis nervios, explorando con los labios, torturándome con su boca.
Arqueé la espalda, jadeé y mordí el muslo de Tara, desesperada por alcanzar la cima. Ella gimió con rudeza y se frotó con más ansia.