La Mentira perfecta
Parpadeó varias veces, intentando enfocar las imágenes borrosas a su alrededor, pero solo logró distinguir un mar de formas difusas y voces fragmentadas que se deslizaban entre la niebla de su mente.
Intentó moverse, pero un grito agudo escapó de sus labios cuando el dolor en su cabeza se intensificó. Su respiración se volvió rápida y temblorosa.
El aire olía a desinfectante y metal, una mezcla fría que le revolvía el estómago.
Permaneció quieta unos segundos, intentando ordenar sus pensamientos. Pero no había nada. Ninguna imagen, ningún recuerdo. Solo vacío.