El amor entre tres es aburrido
Para Yolanda Sarto, tres años de matrimonio solo le habían dejado la indiferencia y la crueldad de Samuel López.
Ella creía que con perseverancia podría hacerlo cambiar.
Pero en tres años, ni había recibido su atención, ni mucho menos su amor.
En un camino nevado de la montaña, cuando vio a su esposo abrazando a su amada, cargando al niño que lo llamaba "papá" y abandonándola, Yolanda de repente despertó.
Un hombre que solo sabía ignorarla, ¡mejor dejarlo ir!
Arrojó el acuerdo de divorcio.
Ya no sería la esposa de nadie, solo ella misma: ¡Yolanda Sarto!
Al ver a su esposa volverse cada vez más destacada, aquel hombre despiadado de repente se dio cuenta:
Ella ya se había fundido en todo su ser, había calado hasta su alma.
En un banquete, Samuel la arrinconó contra la pared y, aprovechando la embriaguez, la besó.
Su mano recorrió la cintura de Yolanda hacia abajo, levantando su pierna para engancharla a su cadera.
Lágrimas asomaron en sus ojos:
—Cariño, me equivoqué, no me abandones.
—Dime qué tengo de malo, ¡cámbiame como quieras!
Yolanda le levantó la barbilla y sonrió con frialdad:
—Sr. López, ya no te amo. ¡Ten un poco de dignidad!
Samuel insistió con voz suplicante y entre lágrimas:
—¡Puedo cambiar! ¡Dame otra oportunidad!