Miscelánea de Amor
Una marca que amaba, una marca que le recordaba que su esposo había tenido días difíciles en su juventud, antes de conocerlo, y que, a pesar de todo, había podido enfrentarse al mundo y salir victorioso, ser él mismo.
—Cariño, si continúas mirándome así, no duraré mucho más —advirtió Ismael.
—¿En serio? —preguntó, meneando las caderas en un ángulo diferente, la cabeza del pene rozando su punto—. ¡Oh, así, sí!
—Cabalga, cariño, hazlo...
Se cegó por el deseo y la lujuria.