PROTEGIDA POR MI CEO ENEMIGO
¿Soy incompetente, o eres un mentiroso?
La trampa estaba tendida, sus fauces de lógica abiertas de par en par. Él la miró, y por primera vez, vio la verdadera profundidad de su intelecto estratégico. No estaba luchando contra él; lo estaba diseccionando. Estaba atrapado en el nudo de su propia lógica, de sus propias palabras. No podía darle acceso. Era impensable. Pero negarse sin una buena razón, especialmente después de que ella le hubiera presentado un argumento tan sólido, era admitir que el "partenariado" era una farsa. Era admitir que tenía algo que ocultar. Era, en esencia, confirmar sus sospechas más profundas.