Pasión Secreta
Sus cabellos rubios como el oro, sus pieles blancas como la leche y sus ojos tan azules como el océano los hace ver como un par de ángeles.
—Tara, Tomas, ¿es esa la forma de saludar a su padrino? — reprendió la madre superiora.
—No, madre superiora. ¡Lo sentimos mucho! — incluso sus palabras se acoplan a la perfección, como si hubieran pasado mucho tiempo ensayando sus monólogos.
—No hay problema, madre superiora. ¿Cómo están, chicos? Les he traído un regalo — les entregué las bolsas a cada uno y con gran emoción las abrieron.