ENCUENTROS FURTIVOS
No supimos pero, ¿qué importaba?
Me penetró contundente hasta temblar yo, luego él, empujando varias veces hacia arriba mientras él agonizaba en voz alta con esa voz apretada, ronca y redimida. Abrí la boca de par en par, el cuello bien arqueado, alegre, sorprendida; Golpeando un poco mi cabeza con la madera detrás, colocando mis brazos lado a lado y sobre ella para intentar sostenerme, mientras él seguía —cada vez más lento— sus empujes.
Empuje, empuje, lentos empujes, cada vez más ralentizados, vaciándose, sacando nata de su cuerpo, esa propulsión y desahogo que no parecía detenerse…, hasta que me rellenó.