Sacrificar, Perder, Lamentar
Pasó sus dedos por mis cicatrices como si fueran trofeos, como una serpiente venenosa sacando la lengua.
Le tomé la muñeca con suavidad y le dije en voz baja:
—Mejor así. Ya es todo tuyo.
Faltaban tres días para comenzar el experimento.
Y también tres días para que mi vida terminara.
El medicamento causaría erupciones, vómitos, dolor intenso,
y finalmente, fallas respiratorias, paro cardíaco... Dejaría atrás un cuerpo frío y apestoso.