TE PROHIBO NO AMARME LOBA
Merytnert emerge en el escenario, ataviada con sedas doradas y turquesas que flotan como nubes al viento, lista para ejecutar una danza tradicional de la nobleza egipcia.
— ¡Guao! —exclama Amet, asombrado—. La Mariposa ha crecido mucho ahora que la veo vestida así, es el vivo retrato de la tía.
Me quedo sin palabras, el orgullo hinchando mi pecho al ver a mi única hermana. Aparece rodeada de jóvenes de nuestra manada, todos con los rasgos característicos egipcios: piel dorada por el sol, ojos delineados con kohl, y movimientos fluidos como el agua del Nilo. Nadie esperaba esta presentación, este regalo para los sentidos.