Morir de amor
Avancé lentamente, detallando su rostro, sus ojos, su cuerpo…
Al llegar hasta ella, la rodeé con mis brazos.
Yo temblaba como una hoja seca que era arrastrada por un fuerte viento de otoño.
-Vida, te amo, te amo.
Repetía sabiendo que aunque mis palabras salían de mi alma, ella no creía en mí.
-Rocío, te amo.
Abracé con fuerza su inerte cuerpo, por es verdad, parecía sin vida.
-Amor, soy yo, ya te lo dije ayer, soy Ramiro, tu amor.