Yo soy como un Ferrari
Sus propias palabras, sus propios prejuicios, se alzaban ahora como un fantasma para atormentarlo.
Rodolfo, disfrutando de su incomodidad, continuó, recitando las palabras de Leonardo con una mofa cruel: —El Ferrari se asocia con características como potencia, velocidad, es un símbolo de nosotros, los machos alfa. Así que una mujer no puede ser como un Ferrari, ya que ellas solo están destinadas hacer dependientes.
La voz de Rodolfo, cargada de ironía, hizo eco en la mente de Leonardo. Eran sus propias palabras, la esencia de su antigua filosofía sobre las mujeres, expuestas ahora en la mesa, delante de sus amigos.