Entre Amores y Traiciones
El dolor físico que sintió al ver la cercanía de Horus con Elena era una punzada inesperada que le confirmó lo que no quería admitir: ya no era solo un acuerdo, lo amaba.
Su mente iba desde creer en lo que la prensa decía —Horus es un depredador, un hombre de dinero acostumbrado a tomar lo que quiere— y restarle importancia, repitiéndose fríamente que su matrimonio fue solo un arreglo de negocios. Pero la imagen de Horus jurándole amor en Nueva York, comprándole la pintura en la subasta y susurrándole promesas en la nieve, luchaba contra la foto sensacionalista.
—¡Es un montaje, Senay! ¿De verdad crees que él, después de lo que pasó, se arriesgaría por una modelo? —protestó Elif.