Mientras te enamoras
—Me tiene sin cuidado —dijo, con una voz tan helada que casi podía sentir cómo congelaba el aire entre nosotros.
Ese instante, vi cómo continuaba caminando, con su espalda erguida y su paso firme, alejándose sin el menor interés en lo que pudiera decir o hacer.
La impotencia y el enojo se apoderaron de mí por completo. Sentí que mi pecho iba a explotar, que las palabras necesitaban salir, aunque fuera a destrozar todo a su paso.
—¡Está bien! —grité, mi voz quebrándose entre el furor y la desesperación. —¡Como esta es mi casa y estamos en proceso de divorcio, te quiero fuera de aquí!