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Characters

34
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Mujer Poderosa
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Amigos de la Infancia
Rompehogares
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Sin Sentimientos
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Amor Incondicional
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Mejor Amiga
Escoria
Doctor/a
Vampiro
Calculador/a
Protagonista Animal
Vecindario
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Identidades Múltiples
Profesor
Íncubo
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Elfo
Yerno
Forense
Estudiante Pobre
Piloto
Celebridad
Influencer
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Plot & Setting

31
Drama Familiar×
All
Arrepentirse
Seducción
Liarse con alguien
18+
Encuentro Amoroso
Infidelidad
Cuenta Regresiva
Venganza
Matrimonio
Karma
Drama Familiar
Despertar
Desarrollo Femenino
Ambiente Laboral
Amor Prohibido
Reconciliación
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Acoso
Crimen
Telepatía
Transmisión en Vivo
Matrimonio por Contrato
Viaje en el Tiempo
Amor Forzado
Solidaridad
Aventura
Apocalipsis
Maldición
Mundo del Entretenimiento
Ventaja Especial
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Themes

12
Lazo Familiar×
All
Giro Inesperado
Melodramático
Renacido
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Múltiples Perspectivas
Apasionante
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Lazo Familiar Drama Familiar Short Stories & Novels

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Mi novio me vendió al hombre equivocado - undefined novels & stories
KarenW
Mi novio, Miles, por fin me invitó a la cena navideña de su familia. Me desmayé de camino. Medio consciente, lo oí susurrar: —Lo siento, Eva. Esos matones dijeron que eres justo el tipo de su jefe. Demasiado bonita para tu propio bien, nena. Culpa a eso, no a mí. —No tengas miedo. Si me ayudas a pagar la deuda… tal vez me dejen recuperarte. Te lo compensaré. Por el resto de tu vida, lo juro. Me empujó en una silla de ruedas por la parte trasera de un casino. El casino de mi familia. El jefe al que me estaba vendiendo… era mi hermano. Desde que nuestros padres murieron en un fuego cruzado, mi hermano asumió toda la responsabilidad sobre mí. Más que un hermano, se convirtió en una figura paterna, un protector. Mi estúpido novio debería haber estado asustado. No tenía idea de lo ferozmente que mi hermano me protegía, ni de lo despiadado que podía ser con cualquiera que se atreviera a hacerme daño.
El Secreto de la Capilla Maldita - undefined novels & stories
Saraí Fuentes
En nuestro pueblo había una antigua capilla. Según la tradición, antes de casarse, cada mujer debía llevar allí a su novio para que rezara y pidiera la bendición. Si salía sano y salvo, significaba que la pareja sería feliz para siempre. Mis dos hermanas adoptivas se casaron a los veinte años. Yo, en cambio, ya tenía treinta y seguía soltera, porque todos mis novios terminaban conmigo después de entrar en la capilla. Algunos incluso intentaban matarme. Mi nuevo novio estaba indignado por las supersticiones del pueblo e insistió en entrar. Pero cuando mi padre, que era el alcalde, lo sacó de allí, mi novio me tiró al suelo e intentó estrangularme. No lo entendía. ¿Qué había dentro de aquella capilla para que todos cambiaran de esa manera? Y si mi padre sabía lo que ocurriría, ¿por qué seguía obligándome a llevar allí a todos mis novios?
La Bolsa de Sangre de la Familia - undefined novels & stories
Lara Dimson
La mañana en que cumplí dieciocho años, me desplomé en el centro de curación de la manada después de donar sangre por nonagésima novena vez a mi hermana gemela, Maeve. Maeve estaba bajo una maldición desde que nació, y mi sangre la mantenía bajo control. Nuestro vínculo desde antes de nacer había sido lo único capaz de contener aquella magia oscura. Cuando desperté, la sanadora me dijo que había desarrollado anemia aplásica, una enfermedad rara que impedía que mi médula ósea produjera suficientes células sanguíneas. Años de donaciones constantes terminaron por deteriorar mi organismo, y mi loba, Aurora, estaba demasiado débil para combatir la enfermedad. Fui a contárselo a mi familia con la esperanza de que esta vez todo fuera distinto, pero los encontré en la pastelería mientras encargaban un pastel de cumpleaños personalizado en el que solo aparecería el nombre de Maeve. Olvidaron mi cumpleaños, a pesar de que éramos gemelas y nacimos con apenas cinco minutos de diferencia. Al principio, recibía cariño y elogios por mi sacrificio. Con el tiempo, donar sangre se convirtió en una obligación que todos esperaban que cumpliera. Mi familia ya había elegido a Maeve en lugar de a mí una y otra vez. Esta vez decidí elegirme a mí misma. Me quedaban dos semanas para irme a escondidas de la casa de la manada y salir de sus vidas. Dos semanas para prepararlo todo en silencio mientras ellos seguían sin sospechar nada. Creerían que por fin había aprendido que mi lugar era ser la reserva de sangre de Maeve. Pero jamás sospecharían que contaba los días para desaparecer de sus vidas para siempre. Para entonces, ya sería demasiado tarde.
Noventa y Nueve Renuncias - undefined novels & stories
Mora
Cuando sufrí un ataque agudo de apendicitis, mis padres, mi hermano y mi prometido estaban ocupados celebrando el cumpleaños de mi hermana menor. Llamé una y otra vez desde la puerta del quirófano, buscando que algún familiar firmara el consentimiento para mi operación, pero todos colgaron sin piedad. Mi prometido, Gabriel Gómez, me envió un mensaje después de rechazar mi llamada: "No hagas berrinche, Sofía. Hoy es la fiesta de mayoría de edad de Luna. Hablemos después del banquete." Apagué el celular y firmé el consentimiento quirúrgico con calma. Era la novena y noventa vez que renunciaban a mí por Luna Ramos. Así que esta vez, soy yo quien renuncia a ellos. Ya no me duele su favoritismo. Al contrario, comencé a obedecer cada una de sus peticiones, sin cuestionar nada. Todos creyeron que por fin me había vuelto sensata. Nadie imaginaba que en realidad, me estaba preparando para desaparecer para siempre.
Ya no eres mi papá, Alfa Ashford - undefined novels & stories
Bite Man
Mi compañero Alfa, Damon Ashford, se perdió el sexto cumpleaños de nuestro hijo Finn porque estaba demasiado ocupado cuidando al cachorro de su hermana adoptiva. Esa noche, mientras ordenaba la habitación de Finn, encontré una grabación dentro de su lobo mecánico de juguete. Era un susurro infantil, suave y tímido. —Lobito, mi papá no está aquí. ¿Te quedarías conmigo y crecerías a mi lado? Al día siguiente, en la escuela de la manada, el instructor preguntó con naturalidad por qué el padre de Finn no había asistido a la ceremonia. Finn apretó el crayón entre los dedos y respondió en voz baja: —Papá está ocupado. Es el Alfa de la manada. —Su tiempo le pertenece a su trabajo. También le pertenece a la tía Serena, porque ella necesita que la cuide. Pero no me pertenece a mí. Los padres que estaban cerca se miraron entre sí, sin saber qué decir. Pero yo no sentí nada, solo ese silencioso y definitivo quiebre de la última esperanza que aún me quedaba. Un mes después, Damon finalmente se acordó del cumpleaños y quiso compensar a Finn. Entró en la sala de los cachorros y lo encontró ordenando unas tarjetas de identidad. Finn deslizó la tarjeta con el rostro de Damon en el espacio de «Miembros de la Manada». Luego dejó completamente vacía la columna de «Familia». Damon extendió la mano para tomarla, pero Finn alzó la vista, revelando una mirada distante y fría. —Alfa Ashford, por favor, no coloque la tarjeta en el lugar equivocado. —Los papás pertenecen a la familia. Tú solo perteneces a la manada. El rostro de Damon perdió todo el color al instante.
Me Dejaron Morir en Año Nuevo - undefined novels & stories
Lorena Cruz
Para celebrar el Año Nuevo, íbamos todos de camino a casa de mis abuelos. En plena autopista, mi hermano menor, Jaime Moreno, no paraba de decir que tenía que ir al baño. Mi mamá nos apuró a mi hermana mayor, Olivia Moreno, y a mí: —La próxima estación de servicio todavía está lejos. Vayan ustedes también de una vez, para que después no me salgan otra vez con que quieren ir al baño. ¡Muévanse, rápido, y nada de demorarse! Salí corriendo. Pero al volver, vi nuestro auto, con las luces traseras encendidas, alejarse despacio. Afuera, la temperatura estaba a más de diez grados bajo cero, y aun así, mis padres me habían dejado allí, olvidada, en una estación de servicio vacía. Eché a correr hacia el auto y grité con todas mis fuerzas: —¡Papá! ¡Mamá! Pero el auto dobló, se metió en el tráfico y desapareció por completo.
Mis Padres Me Congelaron por una Profecía - undefined novels & stories
Zafira
Cuando mi hermana gemela Ana Reyes y yo nacimos, nuestros padres contrataron a un adivino para que predijera nuestro futuro. Las pruebas nacionales de admisión universitaria se realizaban durante dos jornadas consecutivas. El hombre aseguró que, si yo obtenía una puntuación más alta que Ana, ella caería en una profunda depresión y terminaría lanzándose desde la azotea de la escuela cuando se publicaran los resultados. Para protegerla, mis padres pasaron dieciocho años reprimiéndome y menospreciándome. Incluso ese día me quitaron la credencial de acceso a las pruebas, sin la cual no podía presentarme. Me arrodillé frente a ellos para suplicarles y, desesperada, golpeé la frente contra el piso de baldosas. Papá me dio una patada y me empujó dentro de la cámara frigorífica del pequeño almacén de alimentos que mis padres tenían anexo a la casa. Al caer, mi teléfono golpeó el suelo; la pantalla se hizo añicos y quedó completamente negra. Mi hombro chocó contra el panel de control y activó el sistema de refrigeración, pero ninguno de ellos se dio cuenta. Cuando papá cerró la puerta de golpe y echó la llave desde afuera, el impacto atascó el mecanismo de la palanca de emergencia. —Sabes perfectamente que Ana podría morir por tu culpa. ¿Y aun así quieres presentarte a las pruebas? ¿De verdad quieres empujarla al suicidio? El panel indicaba que el sistema estaba programado a −30 °C. Solo llevaba el uniforme de verano: una camisa de manga corta y una falda. Golpeé la puerta con todas mis fuerzas. —¡Mamá, hace mucho frío! Por favor, déjenme salir. —¿A quién pretendes engañar? La voz de mamá era aguda y cortante. —¡Si el sistema de refrigeración ni siquiera está encendido! Como tú no vas a presentarte a las pruebas, bastará con que Ana complete las dos jornadas para que esa predicción ya no pueda cumplirse. ¿Y tú no puedes pensar en nadie más que en ti? Sus pasos se alejaron. La sangre seguía brotando de mi frente. Goteaba sobre mi camisa y se congelaba casi al instante. Me encogí en un rincón. Poco a poco, mi cuerpo comenzó a ponerse rígido.
Sacrificar, Perder, Lamentar - undefined novels & stories
Desflorencia
Cuando mi esposo me amenazó por centésima vez con el divorcio para que me sacrificara por mi hermana, Yoli Santos, no lloré ni hice escándalo. Simplemente firmé el acuerdo de divorcio, y le entregué en bandeja al hombre que había amado durante diez años. Días después, Yoli metió la pata en una fiesta y ofendió a una familia poderosa. Una vez más, fui yo quien cargó con la culpa por ella y asumí todas las consecuencias. Incluso cuando propusieron que yo fuera la voluntaria para probar el medicamento del proyecto de mi hermana, acepté sin dudar. Mis padres dijeron que por fin me había vuelto una hija razonable. Hasta mi esposo, tan frío como siempre, se paró junto a mi cama, me acarició la mejilla, algo que no hacía desde hacía años, y me dijo con ternura: —No tengas miedo. El experimento no es peligroso. Cuando salgas, te prepararé tu comida favorita. Pero él no sabía que, fuera o no peligroso el experimento, ya no iba a poder esperarme. Porque tengo una enfermedad terminal. Y me voy a morir muy pronto.
La hermana que desecharon - undefined novels & stories
Mira
—Dominic, Julian, ¿adivinen qué deseo pedí? Sobre la mesa había un pastel barato que había comprado en oferta. Cerré los ojos y pedí un deseo. Cuando los abrí, las dos sillas frente a mí seguían vacías. Entonces lo recordé: mis hermanos ya no me querían. Cuando tenía diez años, Dominic y Julian trajeron a Leah Morgan a casa. Era la hija de su difunto mentor, el profesor Andrew Morgan, y me pidieron que la tratara como a una hermana de verdad. Pero, poco a poco, Leah me fue arrebatando todo el cariño que me tenían. La inseguridad se apoderó de mí y terminé volviéndome competitiva. Pensaba que, si me esforzaba lo suficiente, tal vez me querrían un poco más. En la final de un concurso de piano, Leah rompió a llorar después de perder contra mí. —Para mí, tocas mejor que Heather, ¡por mucho que ella se esfuerce! —la consoló Dominic. Obtuve el primer puesto en mi escuela y gané una beca, lo que dejó a Leah fuera de la lista de candidatos. Julian hasta obligó a la escuela a investigar si yo había hecho trampa. Durante la fiesta de mis dieciocho años, Leah cayó a la piscina desde el balcón del segundo piso. Luego me señaló y gritó: —¡Heather me empujó! Mis hermanos estaban furiosos. Sin mostrar la más mínima compasión, me dejaron tirada en la zona más peligrosa de la ciudad. —Te consentimos demasiado tiempo, Heather. Por eso te volviste tan competitiva. Ya es hora de que aprendas a controlar tus celos. Incluso enviaron a unos matones hasta la puerta de mi casa para que me acosaran y me robaran el poco dinero que lograba ganar. Creían que así aprendería la lección. Lo que no sabían era que había recibido un correo en el que me ofrecían una beca completa para estudiar en la Universidad de Zúrich. Estaba a punto de irme a Suiza y no pensaba volver jamás.
Morí para acabar con su mentira - undefined novels & stories
Mónica Herrera
El día que me diagnosticaron leucemia, no lloré. Lo primero que sentí fue alivio. Al fin y al cabo, yo no era su hijo biológico. Si moría, al menos ya no le debería nada a nadie. Cuando tenía seis años, mi hermano menor y yo nos peleamos por un robot de edición limitada. Mamá me arrastró hasta un rincón y pronunció cada palabra con una claridad cruel: —No eres nuestro hijo de verdad. Todo lo que tienes en esta casa te lo hemos dado como un favor. Desde aquel día, no volví a pedirles nada. A mi hermano le compraban tenis nuevos. Yo usaba los que él había dejado. Él tomaba clases de piano mientras yo lavaba los platos en la cocina para ganarme el dinero del desayuno del día siguiente. Vivía como una maleta olvidada en la casa familiar, siempre lista para que alguien viniera a recogerla en cualquier momento. Después del diagnóstico, el médico me explicó que un trasplante de médula ósea era mi mejor opción, y que lo ideal sería encontrar un donante compatible entre mis familiares directos. No se lo dije a nadie en casa. En cambio, busqué a escondidas a mis padres biológicos y utilicé los ahorros que había reunido durante siete años para pagar el anticipo de mi propia parcela en el cementerio. Y entonces ocurrió lo de anoche. Tenía 39,4 grados de fiebre y caminaba tambaleándome hacia la cocina para buscar agua. Al pasar frente al dormitorio de mis padres, los oí hablar. —¿Crees que fuimos demasiado lejos aquella vez? —preguntó mamá—. Nuestro hijo mayor se comporta cada vez más como un extraño. Papá suspiró. —¿Qué otra opción teníamos? Nolan es adoptado. Si no hubiéramos convencido a Miles de que no era nuestro hijo biológico, ¿cómo habríamos conseguido que cediera siempre ante Nolan? El vaso se me resbaló de la mano, rodó por el suelo y se detuvo junto a mis pies. Yo sí era su hijo biológico. Durante diecinueve años habían tratado al hijo adoptado como si fuera de su propia sangre. De pie frente a la puerta de su dormitorio, me eché a reír. Pero mi leucemia ya estaba demasiado avanzada.
¡Mis padres pobres en realidad eran millonarios! - undefined novels & stories
Carmen M
En la noche de Navidad, mis padres seguían trabajando afuera, dejándome sola otra vez en casa. Pensando en que así había sido durante veinte años, ya no quería pasar sola y fría otra Navidad, así que tomé una torta navideña y fui a buscarlos. Para mi sorpresa, aquellos mismos padres que siempre decían que trabajaban sin descanso, bajaron de un carro de lujo, abrazando a un chico de mi edad, riéndose y charlando como si nada, camino a un restaurante carísimo. —Papá, mamá, ¿están seguros de que no pasa nada dejando a Estelita solita en casa? Mi mamá respondió sin darle importancia: —No importa, ya está acostumbrada. Mi papá, como si nada, dijo: —Ella no puede compararse contigo, tú eres nuestro tesoro. Me di la vuelta y me fui. Me estaban mintiendo diciendo que estaban pobres, esta vez no quiero su compañía ni un poco.
Cuando Morí, Mi Familia Enloqueció - undefined novels & stories
Noemí Rivera
En mis diez vidas anteriores, había muerto de forma horrible porque nadie reparaba en mí. Así que, en esta, decidí dejar de luchar y limitarme a esperar la muerte. A los cinco años me secuestraron. Me acosté en el suelo, contuve la respiración y hasta me cubrí con una capa de cal. Los secuestradores creyeron que me habían matado y, aterrados, se entregaron de inmediato. Cuando la policía me encontró, estaba acostada en una camilla, junto a la entrada del anfiteatro. Le hice una seña al encargado de trasladar los cuerpos. —¿Podrías llevarme más rápido? Tengo que llegar a mi próxima reencarnación. A los diecisiete años, mis padres biológicos dieron conmigo. Antes de partir hacia la mansión familiar, me negué a ocupar un asiento y me metí en el maletero como si fuera lo más normal del mundo. Mi mamá se asomó y rompió a llorar. —Esta niña debe de haber sufrido muchísimo. ¿Cómo puede acostarse en un lugar así? Cerré los ojos y respondí con una voz sin vida: —No importa. Esta vida ya casi se acaba. Aquí hay poco espacio; es ideal para esperar la muerte. Mi papá golpeó el volante. —¡No digas tonterías! Ahora nosotros te protegeremos aunque el mundo se venga abajo. ¿Cómo vas a morirte? Sin embargo, apenas llegamos a casa y subimos al segundo piso, Brenda Chávez, la hija que habían criado en mi lugar, fingió resbalar y se abalanzó sobre mí.
La loba heredera se fue, la manada lamenta - undefined novels & stories
Ellie C
Al nacer, una bruja me lanzó un hechizo de verdad que me volvió inmune a cualquier mentira. Durante un examen de pociones, la loba blanca más popular me deslizó disimuladamente en la mano el polvo que le había sobrado después de hacer trampa. —Lo vas a necesitar para el próximo examen. Toma un poco. ¡Suerte! Pensó que le creería y que cargaría con la culpa en su lugar. En cambio, levanté la mano. —Profesor, acaba de ponerme en la mano el polvo que usó para hacer trampa. Desde ese día, todos empezaron a evitarme. Crecí sola en un orfanato de hombres lobo, hasta que mis padres biológicos por fin me encontraron y me llevaron a casa, a la Manada Sombra Lunar. En el banquete de bienvenida que hicieron por mis dieciocho años, Bella, la falsa heredera, se dejó caer en el asiento que estaba entre mis padres. Se colgó del brazo de mi madre y me sonrió. —Vivian, de verdad quería cederte este lugar, pero mamá y papá están acostumbrados a que me siente entre ellos. Puedes buscar otro asiento. Todos esperaban que yo actuara con sensatez y me hiciera a un lado. Pero pregunté: —¿Y por qué querías cedérmelo? ¿Será porque sabías que ese lugar le correspondía a su hija biológica? Se quedó sin palabras por un instante. —Si hablabas en serio —insistí—, entonces levántate y devuélveme mi lugar.
La Hija Rechazada Volvió como Doctora - undefined novels & stories
Andrea Aguirre
En mi vida anterior, la familia Salazar fue a buscarme al orfanato después de descubrir que yo podía ser su hija biológica. Sin embargo, Adrián Salazar, mi propio hermano, me acusó de haber provocado la enfermedad de Mónica Salazar, la hija adoptiva de la familia. Mis padres le creyeron y me echaron de casa. Poco después, morí enferma en la calle. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día en que los Salazar fueron a buscarme. Adrián se interpuso entre sus padres y yo y gritó: —¡Papá, mamá, no se la lleven! Desde que Mónica supo que la hija biológica de la familia podría volver, no ha dejado de sufrir crisis. Además, ni siquiera sabemos con certeza que ella sea Elena. Mis padres me pidieron que les mostrara mi mitad del medallón de cristal. La familia conservaba la otra, y ambas piezas eran la única prueba material que podía vincularme con ellos antes de una prueba de ADN. Como ya sabía cómo terminaría todo, decidí no mostrarla. Ante mi silencio y temiendo que Mónica empeorara, me miraron con decepción y se marcharon. Yo regresé en silencio al orfanato. Veinte años después, me había convertido en una de las cardiólogas más prestigiosas del país. El hombre sentado frente a mí me entregó un expediente clínico con las manos temblorosas. —Se lo suplico. Salve a Mónica. Me detuve al leer el nombre y observé durante un largo rato aquel rostro demacrado. Solo entonces levanté la mirada hacia el hombre. —No.
La Heredera Olvidada que lo Recuperó Todo - undefined novels & stories
Karen W
Las drogas desaparecieron durante una de las transacciones de nuestra familia, y todos sabían que era culpa de mi media hermana, Emily. Actualmente, nuestros rivales exigían que les enviáramos a alguien para ellos mantenerlo cautivo hasta que se pagara la deuda, por lo que mi prometido y mi familia, estuvieron de acuerdo en que debía ser yo. —Emily ya se lastimó en la misión. Tú eres más fuerte, por tanto, puedes aguantar mientras encontramos una solución —dijo él. Yo sabía que aquel momento llegaría, así que firmé mi nombre. En cinco días, me iban a enviar lejos, por eso decidí que no importaba lo que pasara, si vivía o moría, ya había terminado con mi familia y mi prometido. En esos últimos días, di todo lo que tenía. ¿El casino? Para mi media hermana, que siempre lo había mirado con envidia. ¿Mi cuenta corriente? Para mi padre, que nunca perdía la oportunidad de recordarme lo inútil que era. ¿El anillo de compromiso? De vuelta a ese hombre que era tan falso. Ellos no notaron nada raro, solo sonrieron, contentos por lo atenta que había sido repentinamente. ¿Seguirían sonriendo así cuando se dieran cuenta de que me fui para siempre y de que su frágil Emily sería su perdición? ¿Seguirían estando tan contentos?
El Regalo Mortal para Mi Familia - undefined novels & stories
Yolanda Bozzo
Morí el día de mi cumpleaños, pero ni mis papás ni mi esposo se dieron cuenta. Todos estaban de lleno en los preparativos de la fiesta de cumpleaños de mi hermana gemela, Alicia Gonzáles. Mientras todos la rodeaban para escoger su vestido de gala, a mí me habían amarrado de pies y manos y me habían arrojado al sótano. Con las últimas fuerzas que me quedaban y con los dedos ya torcidos, logré marcar el 9395, la señal que Sergio Sandarti y yo habíamos acordado para pedir ayuda en caso de peligro. Nunca imaginé que llegaría el día de tener que usarla de verdad. Pero Sergio no me creyó. Respondió con frialdad: “¿De verdad haces tanto drama nada más porque no te llevamos a comprar un vestido nuevo? El del año pasado todavía te queda bien. Nos vemos más tarde en la fiesta, deja de hacer escándalo”. Él no sabía que mi vestido ya lo había destrozado Alicia. Tampoco sabía que, en cuanto colgué la llamada, yo ya estaba muerta. Así que no asistí a la fiesta de cumpleaños. Pero cuando todos vieron el regalo que yo había preparado con anticipación para Alicia, se volvieron locos.
Adiós, Mi Corazón - undefined novels & stories
Sunny Enchmarch
Cuando la enfermera retiró del dorso de mi mano la aguja del suero, vi la lástima en sus ojos. —Señor Young, el corazón destinado a su trasplante fue reasignado a último momento —me informó con pesar—. Lo enviaron a la habitación VIP del séptimo piso. Es una lástima, pero toda la preparación para su cirugía fue en vano. Marcus Stewart estaba internado en ese piso. Era el joven enfermizo a quien mi hermana había llevado a nuestra casa. Poco antes, Marcus había sufrido un fuerte dolor en el pecho. Mi madre, que siempre se había mostrado fuerte, empezó a llorar sin control. Mi padre, que nunca mostraba lo que sentía, golpeó la mesa frente a todos los especialistas del hospital y tomó una decisión: entregarle a Marcus el corazón que yo llevaba tres años esperando. El corazón que debía salvarme la vida. Avancé como pude hasta el final del pasillo, pero la luz verde sobre la puerta del quirófano ya se había encendido. Había llegado demasiado tarde. Me apreté el pecho con una mano para soportar el dolor que me retorcía por dentro. Después apoyé la espalda contra la pared fría y me deslicé hasta quedar sentado en el suelo. Ya no había nada que esperar. Mi insuficiencia cardíaca había llegado a la fase terminal. El médico me había advertido que no sobreviviría más de unos días. La voz mecánica del sistema resonó dentro de mi cabeza. «Amo, sus signos vitales se deterioran a gran velocidad. Si pone fin a la vida de este cuerpo y abandona este mundo ahora, todavía tendrá la oportunidad de comenzar una nueva vida. ¿Desea continuar?». Bajé la mirada hacia mis manos. Las puntas de mis dedos empezaban a adquirir un tono gris, como si la muerte ya se hubiera apoderado de ellas. —Sí —acepté después de una breve pausa.
De vuelta al pasado, pero dueña de mi futuro - undefined novels & stories
Zafira
Mi hermana, María Sánchez, que siempre despreciaba la escuela, de pronto quiso presentar el examen para la universidad y les pidió a mis papás que me casaran con el hijo de un alto mando militar; a cambio, el general pondría el dinero para su carrera, un “apoyo” disfrazado de arreglo. Entonces supe que ella también había renacido. En la vida pasada, a María los libros le daban flojera: salió de la prepa y se casó con el hijo del comandante de zona, con un arreglo generoso de por medio. Luego a Bruno lo cambiaron a la frontera norte, a una Zona Militar pegada a nogales; a ella le repugnó el entorno y se negó a irse con la tropa. Yo, en cambio, terminé la universidad a puro trabajo y ahorro, entré a una dependencia pública con plaza base y me volví, por fin, capitalina de verdad. Ya metida en la vida castrense, María empezó a cobrar mordidas usando el nombre del suegro general. Lo metió en broncas con los de arriba; la Contraloría de la Militar lo bajó de puesto sin miramientos y, al final, la suegra la corrió de la casa. Tras el divorcio, la engancharon con una “asesoría” para invertir en la Bolsa de Valores; vino el desplome y quemó los ahorros de jubilación de mis papás. Sin salida, se me pegó y, cuchillo en mano, me obligó a entregarle mis ahorros y mi casa “para levantarse otra vez”. En el jaloneo me dio doce puñaladas. Me desangré. Cuando abrí los ojos otra vez, estaba de vuelta al principio: mi hermana les pedía a mis papás que me casaran con Bruno. Yo acepté encantada y me di de baja de la prepa de inmediato.
Activar: La Obediente Heredera de la Mafia - undefined novels & stories
Tiptik
Mis padres piensan que no soy lo suficientemente femenina, así que adquieren a una hija IA, dócil y dulce, llamada Serafina Moretti. El día que traen a Serafina a casa, toda la familia se ensaña conmigo. Papá odia que sea mala en los estudios, al contrario de Serafina, que absorbe cualquier conocimiento con solo procesarlo una vez. Mamá arruga la nariz ante mi personalidad alegre y activa. Por lo visto, no soy lo bastante sumisa, algo que la fastidia y le provoca jaquecas constantes. Mi hermano mayor, Dario Moretti, también me regaña todo el tiempo. —¡Eres una vergüenza para la familia Moretti! ¿Qué más sabes hacer aparte de comer y dormir? Incluso Serafina tiene el descaro de burlarse de mí, así que, en un arranque de rabia, la empujo al suelo. La expresión de mamá se ensombrece. Luego me da una fuerte cachetada. —¡Serafina es tu hermana! Si fueras tan dócil como ella, no me fastidiarías hasta el punto de provocarme estos dolores de cabeza. —¡Ya es hora de que aprendas a ser una hija obediente y comprensiva en una academia de corrección conductual! Y así, me obligan a estudiar ahí. Dos años después, mi familia me recoge de la academia. No paran de llamarme por mi nombre, pero yo nunca les respondo. El profesor Luca Caruso los corrige con una sonrisa: —Señora Moretti, debe pronunciar la palabra clave: “Activar”. Solo entonces NS-5 responderá por su cuenta.
Ya no seré la burla de esta familia - undefined novels & stories
Don Guadiola
Antes de que empezara la cena de Nochebuena, mi hermana, Lily Cornwell, anunció que estaba aprendiendo pintura corporal y que quería practicar en mi espalda. —No te preocupes. La pintura es lavable y se irá borrando en unos días —me aseguró. Ilusamente, yo le creí. Sin embargo, cuando me colocó frente al espejo, leí la frase «Soy una idiota» escrita debajo de mis omóplatos. Ante aquella imagen, mi rostro se ensombreció, sintiendo cómo la rabia y la vergüenza se apoderaban de mí, mientras Lily se desternillaba de risa, apenas pudiendo mantenerse en pie. Mi madre soltó una risita, antes de acercarse para darme una palmadita en el hombro. —Lily solo quiere hacernos reír a todos. La pintura se te va a quitar en unos días. Es Navidad. No te pongas tan seria ni nos arruines el ambiente. Mi padre, por su parte, cortó un trozo de pavo asado y lo sirvió en mi plato, mientras intentaba hacerme entrar en razón. —Tú eres la hermana mayor. Tu deber es dar el ejemplo. No te lo tomes tan en serio. Tragando saliva, miré a Ethan Brooks, mi compañero destinado. Él era el único que sabía exactamente cuánto odiaba que se burlaran de mí. Sin embargo, me ignoró por completo, ya que se encontraba ocupado en transferirle dinero a Lily . —Está bien, doscientos dólares. Ganaste. —Te dije que se iba a enojar en un minuto. ¿Ya ves? —repuso Lily, agitando su teléfono. —Yo dije cinco minutos —respondió Ethan entre risas—. Parece que la sobreestimé. Todos se divertían a mi costa. A Lily le encantaba gastarme bromas. Me había escondido las llaves y cambiado los medicamentos. Sin embargo, cada vez que hacía algo como esto, mi familia no hacía más que repetir: «Déjala. Solo está jugando». No era que no me quisieran. El problema era que siempre esperaban que yo la aguantara. Por esto, no pude evitar pensar en la oferta de trabajo que Arthur Richmond, el Alfa de la Manada Northridge, me había ofrecido como su sanadora principal. Aquel era el puesto con el que siempre he soñado y solo tenía hasta Navidad para aceptar o rechazar la oferta. Pero ya no tenía que pensarlo más. Aquella misma noche, tomé una decisión: dejaría a Ethan y a mi familia atrás.
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