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Leyenda Popular
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34
Independiente×
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Mujer Poderosa
Independiente
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Psicópata
Mafia
Alfa
Hipócrita
Amigos de la Infancia
Rompehogares
Primer Amor
Sin Sentimientos
La más Popular
Amor Incondicional
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Luna
Mejor Amiga
Escoria
Doctor/a
Vampiro
Calculador/a
Protagonista Animal
Vecindario
Secretario/a
Identidades Múltiples
Profesor
Íncubo
Hombre Bestia
Elfo
Yerno
Forense
Estudiante Pobre
Piloto
Celebridad
Influencer
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Plot & Setting

31
All
Arrepentirse
Seducción
Liarse con alguien
18+
Encuentro Amoroso
Infidelidad
Cuenta Regresiva
Venganza
Matrimonio
Karma
Drama Familiar
Despertar
Desarrollo Femenino
Ambiente Laboral
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Sistema
Acoso
Crimen
Telepatía
Transmisión en Vivo
Matrimonio por Contrato
Viaje en el Tiempo
Amor Forzado
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Aventura
Apocalipsis
Maldición
Mundo del Entretenimiento
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Themes

12
All
Giro Inesperado
Melodramático
Renacido
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Múltiples Perspectivas
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Independiente Short Stories & Novels

Discover a collection of enchanting Independiente short stories that explore the depths of passion. Perfect for readers seeking one-hour short stories to inspire and ignite their imagination about Independiente.
Él la Despreció y Su Rival la Eligió - undefined novels & stories
Gemma
Durante un año, creí que Matteo De Luca de verdad se había enamorado de mí. Lo nuestro comenzó como una alianza entre familias, pero pronto dejó de sentirse como un simple contrato. Por las noches me rodeaba con sus brazos, me besaba antes de las reuniones del consejo y colocaba en mi cuello el broche de la Donna como si mi lugar siempre hubiera estado a su lado. Entonces Vanessa Ashford, su primer amor, regresó a Nueva York. En cuestión de días, nuestra ceremonia oficial quedó aplazada, ella recibió acceso al ala de la Donna y Matteo dejó de usar el anillo con el emblema de los De Luca, el mismo que jamás se quitaba frente a la familia. Aseguró que todo se debía a asuntos del consejo. Pero los asuntos del consejo no dejaban perfume de ámbar sobre su piel. Tampoco viajaban con él en un avión privado rumbo a Palm Beach ni sonreían desde la silla de la Donna mientras todos observaban cómo otra mujer ocupaba mi lugar. La humillación que terminó de romperme llegó durante una cena privada, cuando alguien preguntó si yo era la esposa de Matteo. Él me miró. —Elena y yo tenemos un acuerdo —respondió con indiferencia. Aquella noche dejé de esperar que me eligiera. Matteo podía quedarse con su primer amor, con su título y con el hogar al que él mismo la había dejado entrar. Yo guardé mi pasaporte, el contrato de trabajo en Florencia y el informe prenatal que jamás había llegado a mostrarle. Después abandoné Nueva York. Y me llevé conmigo al heredero de los De Luca.
Renacimiento: Elegir a un Esposo Universitario - undefined novels & stories
Lili Chi
Mi hermana y yo teníamos una fertilidad excepcional, un don especial que nos permitía concebir con facilidad. Ella se casó con un campesino pobre de la aldea y dio a luz cinco hijos varones. La familia prosperó y salió de la miseria. Yo me casé con el hijo del jefe de la aldea, Diego Suárez, pero solo tuve hijas. Atrapado en las ideas feudales que valoran más a los hijos varones, mi esposo me consideró una vergüenza y me mató a golpes junto a mis niñas. Al abrir los ojos de nuevo, había renacido en el día en que la casamentera vino a proponer los matrimonios. Al ver que Diego, contra todo pronóstico, eligió a mi hermana Lucía García, quien tenía una discapacidad en la pierna, entendí: él también había renacido. Creía que al casarse con ella tendría hijos varones, sin saber que él padecía un trastorno genético que le impedía engendrarlos. Señalé al joven estudiante pobre, delgado y silencioso en el rincón, y declaré sin rodeos: —¡Yo me casaré con él!
El Disparo Que Me Devolvió La Vida - undefined novels & stories
Coco Flan
Cuando cumplimos tres años de casados, recibí una invitación para la boda de mi esposo; la novia era mi prima, Lina. Seguí la dirección que venía en la invitación y volé a Estados Unidos. Sin embargo, en cuanto llegué, vi a mi marido, Marco, el Don más joven de Italia, abrazando a Lina por la cintura mientras brindaban juntos. Varios fuegos artificiales estallaron en el cielo formando los nombres de los dos. Dentro de la capilla, sus hombres se reían y bromeaban. —En Italia se casó con Aurora y en Estados Unidos se va a casar con Lina. ¡El Don sí que sabe cómo quedarse con lo mejor de los dos mundos! —¿No que no sentía nada por Lina? La voz de Marco se escuchó por encima del ruido: —Al principio, en serio que no sentía nada por ella. Para mí era solo una niña, pero me buscó durante años. Nunca le importó que la ignorara, e incluso se quedó a mi lado los dos años que estuve paralítico, cuidándome. Aunque nunca la dejé entrar a mi corazón, no podía ignorarla para siempre. Los dos años que estuvo paralítico... Así que durante ese tiempo, mientras yo estaba en el desierto, comiendo tierra y durmiendo a la intemperie, luchando contra el cansancio solo para conseguir esos extractos medicinales raros para curar su columna herida, mi esposo había empezado un romance con mi prima. Me limpié las lágrimas, saqué los papeles del divorcio que Marco había firmado cuando recién se lastimó y puse mi firma. Si mi dedicación no vale nada comparada con que alguien esté ahí a su lado, no necesito a un hombre que puede traicionarme tan fácil.
Donde el amor me dejó vacía - undefined novels & stories
Dalia
El día en que Rosa, el amor de mi esposo, enferma terminal, dio a luz a su hijo, mis suegros contrataron a diez guardaespaldas para vigilar la sala de partos y asegurarse de que yo no apareciera a hacer un escándalo. Pero la verdad es que nunca fui. Mi suegra, Melina, le tomó la mano a Rosa conmovida: —Rosa, mientras estemos nosotros aquí, ¡Fiona jamás podrá hacerte daño a ti ni a tu bebé! Mi esposo, Benito Cruz, con ternura en la mirada, la acompañaba durante el parto, secándole el sudor de la frente. —Tranquila, mi padre está con su gente en la entrada del hospital. Si Fiona se atreve a venir, la sacamos en el acto. Al ver que pasaban las horas y yo no aparecía, por fin se tranquilizó. Para él no tenía sentido pensar que yo fuera capaz de armar una escena. Solo quería cumplirle a Rosa su último deseo: ser madre antes de morir. ¿Por qué yo me empeñaría en arruinarlo? Cuando escuchó el llanto del recién nacido en brazos de la enfermera, no pudo evitar sonreír con alivio. Pensó que, si al día siguiente yo iba a disculparme con Rosa, se olvidaría de todas nuestras peleas. Incluso estaba dispuesto a dejar que yo criara al niño como si fuera mío. Lo que él no sabía era que, en ese mismo instante, yo acababa de entregar mi informe en la ONU. En una semana iba a renunciar a mi nacionalidad para unirme a Médicos Sin Fronteras. Y desde entonces jamás volvimos a vernos.
Déjame y cría a su bebé - undefined novels & stories
Lía Vallejo
Mi esposo, Cesare Ferrante, el Don más temido de la familia, siempre había detestado a los niños. Pero todo dio un giro cuando mi hermanastra, Bianca Moretti, se instaló en la casa de al lado con su bebé de seis meses. De pronto, mi esposo se obsesionó con ese niño. Él mismo le preparaba los biberones, le cantaba canciones de cuna y lo llevaba a todas partes. Cada día regresaba a casa agotado al amanecer, pero su cara brillaba de alegría, como si ese bebé ocupara toda su alma. Me volví invisible para él. Hace tres días, un auto me cerró el paso y me sacó de la carretera hasta que terminé estampada contra la mediana. Sentía la sangre caliente escurriéndome por la frente mientras la vista se me nublaba. Desesperada, llamé a Cesare cincuenta y cinco veces. No se dignó a contestar ni una sola vez. En su lugar, prefirió presumir una foto del bebé en sus redes: "¡Mi angelito sonrió hoy!" No aguanté más. Esta noche, en el banquete familiar, con todos los miembros de la familia sentados a la mesa, levanté mi último brindis y posé la copa. —Quiero el divorcio. El silencio fue instantáneo. Todos se quedaron de piedra. —¿Te volviste loca? —gritaron mis padres al mismo tiempo. Cesare me apretó la muñeca, sin poder creerlo. —Giulia, ¿hablas en serio? ¿Me pides el divorcio solo porque estaba pendiente del bebé y no te contesté? ¿Vas a armar este lío por celos de un niño de seis meses? No le sostuve la mirada. En su lugar, me quedé fija viendo la marca de un beso, clara y reciente, detrás de su oreja. —Como amas tanto a ese niño —dije con calma—, te lo voy a poner fácil. Ve a ser su padre.
Mi menstruación expuso todo - undefined novels & stories
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
Si No Puedo Retenerte - undefined novels & stories
Doña Lluvia
Mi esposo, comandante del batallón, me prometió que solo acompañaría noventa y nueve veces a su “amor de juventud”, Paula Ferrer, cuando su depresión se descontrolara. Pero cuando terminé de contar las noventa y nueve veces, lo vi abrazándola, él la sostenía fuertemente entre sus brazos. Después de eso, dejé de llorar y de intentar detenerlo cada vez que iba a buscarla. Solo le pedí un amuleto de protección como regalo para el hijo que estaba por nacer. Cuando mencioné al bebé, su expresión se suavizó un poco, era suave y tierna. —Espérame, volveré e iré contigo al hospital para el control prenatal. Yo solo asentí obediente. No le dije que, diez días atrás, ya había presentado la solicitud de divorcio en el registro civil. Ahora, estamos divorciados.
Sin Familia, Decían: Regresé Como Reina - undefined novels & stories
Rosemary
La noche de mi fiesta de compromiso, Luca Moretti se acercó a mí acompañado de su amor de la infancia. —Clara se manchó el vestido por accidente —dijo—. Préstale el tuyo por un rato. Luego añadió: —Todos saben que tú eres la protagonista de esta noche. No importa lo que lleves puesto. Ni siquiera me molesté en protestar. Para entonces, Clara ya tenía mi vestido en sus manos. Me quedé detrás de la puerta trasera, entreabierta, con un vestido negro prestado, mientras sus amigos reían y bebían whisky. —Luca, ¿tu verdadera prometida no se va a enojar? —preguntó alguien. Él apenas levantó la vista de su vaso. —Anna va a convertirse en una Donna. Tiene que aprender a comportarse con clase. Otro hombre soltó una carcajada. —Además, es huérfana. ¿Adónde podría ir sin ti? Luca sonrió. —Ella no puede dejarme. En realidad, no sabían que nunca había sido huérfana. Durante cinco años había ocultado el apellido Valenti porque quería que Luca me amara por quien era, Anna, no por ser la hija de los Valenti. Mi padre era el Jefe Supremo de la mafia, el hombre ante quien todos rendían cuentas en las reuniones de la Alta Mesa. Esa noche, dejé el anillo de esmeralda de los Moretti junto al libro de visitas y llamé a casa. —Papá, no voy a casarme con Luca. No vengas a Chicago.
Esta vez mi historia se escribe sin ti - undefined novels & stories
Zafira
Después de renacer, tomé la firme decisión de dejar de obsesionarme con mi amigo de la infancia, Federico Torres. En su fiesta de cumpleaños colgó un cartel que decía: «Prohibido perros y Clementina». Sin titubear, me largué a Hawái y puse océanos de por medio. Cuando comentó que el simple olor de mi perfume le revolvía el estómago, obedecí y me mudé sin chistar. Al graduarnos anunció que no pensaba respirar el mismo aire que yo en ninguna ciudad; hice mis maletas —rápido— y desaparecí para siempre. Por último, aseguró que mi mera existencia podía malinterpretarse ante su amor imposible. Asentí y, muy pronto, presenté en redes a otro chico como mi novio. Una y otra vez elegí lo contrario a lo que hice en mi vida pasada. Porque, en aquella otra vida, cuando por fin me casé con él, su amor ideal se arrojó desde un acantilado. Él me llamó asesina, me torturó, me quebró… y acabé devorada por los peces. Esta vez, lo único que quiero es vivir de verdad. Así que tomé de la mano a mi nuevo novio. Pero Federico se plantó en medio de la calle, con los ojos encendidos de rabia. —Clementina, ven conmigo ahora y olvidaré esta broma.
La zorra plateada que rompió nuestro vínculo - undefined novels & stories
Serein M
El día de mi cumpleaños recibí una caja de regalo. Dentro había una zorra plateada muerta. Le habían arrancado toda la piel y grabado runas oscuras y profanas en la carne. Mi loba lanzó un grito desgarrador. Después, se hizo añicos. Desesperada, busqué a mi Alfa, Darian, a través de nuestro vínculo de compañeros. —Darian... ayúdame... Mi loba... Mi corazón... Su respuesta fue tan fría como el hielo. —Maeve, deja de exagerar. Solo es una broma. Una Luna debería ser capaz de soportarlo. Amara tiene fiebre. Estoy con ella. Cortó el vínculo de inmediato. Eligió a su amiga de la infancia antes que a mí. Su compañero había muerto hacía poco y solo tenía una fiebre leve. Yo me desplomé mientras el dolor me consumía. No recibí ayuda hasta que un Beta de la manada me encontró y me llevó al centro de sanación. Me tomó tres días recuperarme. Cuando Darian por fin regresó, impregnado del dulce aroma de Amara, me miró con desprecio. —Sabía que lo estabas fingiendo. ¿Cómo podría una zorra muerta hacerte daño? Solo querías impedir que fuera a consolar a Amara. No lloré. No discutí. Solo le entregué un documento para que lo firmara. Le dije que era una compensación por haber elegido a Amara antes que a mí. Lo firmó sin siquiera mirarlo. —¿Todo esto es por dinero? No seas otra loba celosa. No me causes problemas. Puedo darte todo lo que quieras. Amara y yo crecimos juntos. Es muy importante para mí. Lo sabes. Asentí sin decir una sola palabra. Al día siguiente, llevó a Amara a una cena exclusiva para Alfas organizada por la Alianza. Las fotografías inundaron las redes sociales de la comunidad de los hombres lobo. No tenía la menor idea de lo que había firmado. No era un acuerdo de compensación. Era la disolución de nuestro vínculo de compañeros. Conté los tres días. Empaqué con calma las cosas que más valoraba. Después saqué mi teléfono desechable. —¿Tío Marcus? Necesito un jet privado con destino al sur.
Es hora de irme - undefined novels & stories
Raquel Valenzuela
Juan Shaw era el jefe de cirugía cardiotorácica más joven de Ciudad Puerto. Todos decían que tenía las manos más firmes y también que era el más insensible. Sin embargo, yo sabía que no era incapaz de mostrar ternura; ocurría que, simplemente, esa dulzura jamás estuvo destinada a mí. Al día siguiente de nuestro compromiso, mi padre sufrió un derrame cerebral repentino y lo ingresaron de emergencia. La enfermera me explicó que, por tratarse de un procedimiento de alto riesgo, necesitaba la firma de dos familiares directos en el formulario de consentimiento. Llamé a Juan enseguida; el teléfono sonó durante un largo rato antes de que atendiera. Al otro lado, se oían los débiles sollozos de una mujer. Era su exnovia, Whitney Jackson. —Whitney tiene una crisis de ansiedad y la estoy acompañando —murmuró Juan—. Pídeles en el hospital que inicien el tratamiento de emergencia primero. Apreté el bolígrafo hasta que los nudillos se me pusieron blancos. —El médico dijo que por la gravedad necesitan la firma de dos familiares. Mamá ya no está; solo te tengo a ti. Se quedó en silencio durante dos segundos, pero al volver a hablar, mantuvo el tono firme: —No seas exagerada. Aunque el hospital tenga sus procedimientos, no se negarán a salvarlo. Whitney ahogó un sollozo al otro lado. —Juan, no te quedes por mi culpa. Vete. Estaré bien sola, de verdad. —Quédate tranquila —respondió él al instante—. No me iré. Cuando terminó la llamada, la enfermera volvió a insistirme. Agaché la cabeza y me quedé mirando el anillo de compromiso en mi dedo. Lo había elegido Juan. En ese entonces, me dijo que el puerto siempre estaba cubierto por una densa niebla y que, si el anillo brillaba lo suficiente, me encontraría de inmediato. Aquel día, las luces blancas afuera de la sala de emergencias me cegaban. Estaba parada en medio de la niebla, pero no podía seguir esperándolo. Para cuando mi padre estuvo fuera de peligro, yo ya había pasado toda la noche esperando afuera de terapia intensiva. Al amanecer, por fin, Juan envió un mensaje: «Whitney ya se durmió. ¿Cómo está tu papá?». Observé el ferri atracado en el muelle tras la ventana. La niebla se había disipado. Había llegado el momento de irme.
No Soy Tu Apuesta - undefined novels & stories
Soda
Justo antes del traspaso de poder dentro de la organización criminal, regresé a Nueva York después de pasar un año en Francia estudiando diseño de joyas. Pero la noche anterior a la ceremonia, recibí un mensaje de mi novio secreto desde hacía tres años, el nuevo Subjefe de la familia Rossi:«Lo siento, Chloe. Perdí una partida de cartas y te aposté a ti. Ahora eres su problema». Antes de que pudiera siquiera reaccionar, me etiquetaron en el canal cifrado de la familia en la dark web. La publicación más popular estaba causando revuelo: [¡El jefe de la mafia acaba de ganarse una cerda gorda como novia!] En la parte superior habían fijado una foto mía de hacía unos años, cuando pesaba 90 kilos. Los comentarios eran crueles: [Si el jefe supiera lo que realmente se llevó, se arrepentiría de haber hecho esa apuesta.] [Apuesto mil dólares a que no se atreve a salir de su casa. ¿Quién se apunta?] Todos estaban convencidos de que no me presentaría. Al fin y al cabo, me conocían como la chica gorda y fea. Antes, me habría encerrado en mi cuarto a llorar y habría dejado que mi novio me pisoteara a su antojo. Pero después de un año fuera, él no tenía ni idea de la sorpresa que le esperaba. Había bajado de 90 a 50 kilos y ahora lucía una figura espectacular, con curvas que quitaban el aliento. Incluso los cazatalentos de las agencias de modelos me paraban por la calle para preguntarme si quería desfilar en la Semana de la Moda. Así que revisé el tablero de apuestas, aposté cincuenta mil dólares a que me presentaría a tiempo y envié mi respuesta: «Está bien. Te seguiré el juego».
Cruel Traición: Mi Compañero Rompió Nuestro Vínculo - undefined novels & stories
Cocojam
Mi Alfa, Damon, y yo crecimos juntos. Nuestro vínculo de compañeros destinados se encendió en el segundo en que pusimos un pie en los terrenos de la Academia de Élite del Lobo. Él me miró con ojos de ternura y me dijo que tenía una sorpresa para mí en el Festival de la Luna Nueva de la Academia. Dijo que tenía que subir al escenario. Mi corazón se aceleró mientras caminaba hacia él. Me rodeó con sus brazos desde atrás, sujetándome con fuerza. Me dijo que cerrara los ojos y esperara. Al segundo siguiente, las luces se encendieron de golpe. Vi a la hija de otro Alfa parada frente a mí, con unas tijeras de plata en la mano. Zas. Mi cabello largo siempre había sido mi orgullo. Ahora, yacía en mechones arruinados sobre el suelo. El salón estalló en los aullidos excitados de la manada. Su risa fue la más fuerte. La más hiriente. Al día siguiente, se enteró de que iba a abandonar la Academia. Una ola de su poder de Alfa incontrolado chocó contra mí. —¿Te vas? ¿Por un simple juego? Me di la vuelta con calma. —Sí.
Renací Para Salvarte - undefined novels & stories
Cocojam
Un cazador renegado en una misión suicida emboscó a Lucius Nightshade, el Progenitor Vampiro Original. Pero mi compañero de sangre, Julian Thorne, y sus guardias de élite no estaban allí. Se encontraban en un baile de máscaras a medianoche para jugar a ser los guardaespaldas de su amor de la infancia, Lilah. No invoqué el vínculo de sangre para llamar a Julian. En su lugar, con un embarazo de ocho meses a cuestas, me abalancé sobre Lucius. Sacrifiqué mi cuerpo para protegerlo de la mortal metralla de plata. Porque en mi vida pasada, sí invoqué el vínculo. Julian abandonó a Lilah, se teletransportó y salvó a Lucius. Por esa hazaña, se ganó una silla en el Alto Consejo y se convirtió en el Lord de su clan. Pero Lilah, furiosa por el abandono, huyó del territorio seguro en un ataque de ira. Al quedar sola y desprotegida, los peores enemigos de nuestro clan la descuartizaron. Julian no pronunció una sola palabra al principio. Pero el día de mi parto, me arrastró a la fuerza hasta la Celda de Luz Solar. Sus colmillos me rozaron la oreja, peligrosos y fríos. Sus manos temblaron con violencia sobre mis hombros, llenas de dolor y una rabia maníaca. —¡El Progenitor tenía muchos guardias de élite! ¿Por qué tuviste que llamarme a la fuerza? ¿Acaso soy solo un escalón para ti? No me amas. Solo querías el lujo de ser la esposa de un Lord, ¿verdad? Además, ¡Lilah no estaría muerta si no fuera por tus malditos celos! ¡Vas a sufrir mil veces peor que ella! Luego, sin piedad, nos empujó a mí y a mi recién nacido a la luz abrasadora del sol. Vi con horror cómo mi bebé se convertía en cenizas a mi lado. Cuando volví a abrir los ojos, el hedor a polvo de plata llenó el aire. Estaba de vuelta en el momento en que emboscaron al Progenitor Lucius.
Ecos de un Amor - undefined novels & stories
Jimena
Mi novio insistió en escalar de noche la montaña nevada para ver la cascada. Ese mismo día, resbalé y caí desde la cima. Al despertar, descubrí que no solo sufría amnesia, sino que también había perdido una pierna. Incluso mi novio se había convertido en el esposo de mi hermana. De repente, todos me abandonaron. Solo Samuel, mi psicólogo, me guió con paciencia y cuidado. Cuando me propuso matrimonio con flores y un anillo frente a todo el personal médico, creí ver al ángel que había venido a salvarme. Pero seis meses después de casarnos, lo escuché por casualidad hablando con su amigo: —Samuel, parece que la hipnosis de este año ha sido un éxito. Ya ayudaste a Valeria a obtener lo que quería, ¿para qué dar un paso más y casarte con Sofía? —¿Crees que lo deseaba? Es solo por si recupera la memoria y podría hacerle daño a Valeria. Así la vigilo de cerca. —¿Merece la pena hacer tanto por Valeria? Ya antes limpiaste todos sus desastres, ¿y ahora usas a Sofía para eso…? —Haría lo que fuera con tal de ver feliz a Valeria. Samuel apagó el cigarrillo con fuerza y, tras un largo silencio, respondió lentamente: —Además, solo es prestar un vientre… ¡Aprovechar lo inservible!
Mi Alfa me dejó 33 veces en el altar - undefined novels & stories
Serein M
Mi compañero destinado, el Alfa Ryker, pospuso nuestra ceremonia de unión treinta y tres veces después de mi ceremonia de Luna. Todo porque su estudiante, Isla, siempre tenía algún problema nuevo. En nuestra primera ceremonia, Isla afirmó que fue atacada por renegados y que su transformación falló. Necesitaba ayuda. Ryker me dejó en el altar lunar. Esperé toda la noche. Sola. La segunda vez, Isla dijo que su loba estaba débil, que estaba a punto de colapsar en los campos de entrenamiento. Ryker soltó mi mano y corrió hacia ella. Sin pensarlo dos veces. Después de eso, cada vez que intentábamos celebrar nuestra ceremonia, cada vez que estaba a punto de marcarme, Isla interrumpía. Me tragué el dolor punzante en mi pecho y, finalmente, decidí rechazarlo. Pero en el momento en que lo hice, Ryker se volvió loco. Comenzó a desgarrar el mundo entero de los hombres lobo, solo para encontrarme.
Siete días para decir adiós - undefined novels & stories
uni
Tenía tres meses de embarazo cuando ocurrió el accidente automovilístico. En esos últimos instantes, mientras mi conciencia se desvanecía, marqué desesperadamente a la línea privada y encriptada de Damian, aquella reservada solo para emergencias. Él nunca contestó. Para cuando me llevaron de urgencia al quirófano, recibí un golpe devastador: Damian había reasignado por la fuerza a mi médico privado principal al Distrito Sur. Necesitaba al mejor doctor para atender a su amor de la infancia, Evelyn, quien acababa de enviudar. Cuando por fin desperté, envuelta en una neblina de agonía, mis dedos temblorosos deslizaron la pantalla y abrieron Instagram. Vi la publicación más reciente de Evelyn: «Sabía que, sin importar la distancia ni el tiempo, Damian movería cielo y tierra para llegar hasta mí. Incluso trajo a su Médico Jefe solo para ayudarme a sanar de mi dolor». En la foto que acompañaba el texto, Damian —un hombre conocido por sus ojos fríos y letales— miraba a la mujer a su lado con una ternura que yo no había visto en años. Mientras yo me aferraba a la vida al borde de la muerte, luchando por salvar a nuestro hijo, mi esposo jugaba a ser el protector de otra mujer embarazada. Una risa hueca y llena de burla hacia mí misma escapó de mis labios. Sin pensarlo dos veces, deslicé la alianza de bodas fuera de mi dedo anular. Abrí mi bandeja de entrada y presioné «Confirmar» en la invitación del Instituto Internacional de Finanzas más elitista del mundo. Si Evelyn es lo único que le importa, entonces les daré mi bendición. En siete días, desapareceré de su mundo para siempre… y me llevaré a mi bebé conmigo.
Me acusó de ladrona… así que le destruí la vida - undefined novels & stories
Echo
Durante tres años, utilicé las conexiones de mi familia para generarle a la empresa cientos de millones en ingresos. Y, aun así, en la reunión trimestral, una becaria recién llegada se plantó frente a todos… y se atrevió a señalarme. Proyectó mis registros de asistencia y de gastos, uno por uno, como si fueran pruebas irrefutables. Dijo que tenía “ausencias injustificadas”. Dijo que estaba “malgastando el dinero de la empresa”. —Estos clubes exclusivos, estos restaurantes… —enumeró—. Cada vez son miles de dólares. Son gastos completamente innecesarios. Luego, miró directamente al director general. —Le sugiero que la despida cuanto antes. Así podrá proteger el flujo de caja de la empresa. Entonces miré a Claude. Claude Laurent. El director general de la compañía. Y también… mi antiguo compañero de clase. Él sabía perfectamente cuánto dinero había generado cada una de esas reuniones. Sabía que, cuando yo no estaba en la oficina, estaba sentada en algún bar negociando con inversionistas… a veces bebiendo más de la cuenta solo para cerrar un trato. Lo sabía todo. Aun así, me sostuvo la mirada con frialdad. —Caroline, ¿qué tienes que decir sobre las ausencias y los gastos que Lia acaba de presentar? Sonreí. —Nada —respondí. Porque no hacía falta explicar nada. Muy pronto… todos entenderían el precio de ese pequeño espectáculo.
La decisión de Donna - undefined novels & stories
Null
Mi esposo, Dante, es el Don más intocable de la familia Vance en Nueva York y tiene una regla inquebrantable: después de las nueve de la noche, si está fuera por asuntos de la familia, no responde ninguna llamada. Yo siempre entendí su devoción por la familia, por lo que durante cinco años hice todo lo posible por no molestarlo nunca. Hasta anoche, cuando conducía sola cerca de los muelles y terminé entrando en una emboscada de hombres armados de una familia rival. En medio del pánico, llamé a Dante, rogándole que me salvara. El teléfono sonó durante lo que pareció una eternidad y, cuando por fin se dignó a responder, su voz sonó helada como un témpano de hielo: —Nora, llevamos mucho tiempo casados. Como Donna de la familia Vance, deberías conocer las reglas. Dicho esto, cortó, sin darme tiempo a pedirle ayuda. Esa noche, apenas logré escapar con vida de la lluvia de balas. Pasé la noche en el hospital. Pero, cuando llegué a casa, a la mañana siguiente, lo único que recibí fue una mirada llena de reproche. Dante me acusó de haber interrumpido un acuerdo crucial de transporte de la familia y de haber enviado una falsa señal de auxilio. Sabía cuánto trabajaba, así que me tragué mi dolor. Pero, más tarde, cuando usé su ordenador, por accidente vi su registro de llamadas. Un contacto lo había llamado casi todas las noches. Siempre… después de las nueve. Siempre… Durante cinco años completos. Conocía ese número. Pertenecía a Alexa, la Capo de la familia Vance. La mujer que todos en la familia habían considerado durante años como la única verdaderamente adecuada para estar con Dante. En ese momento, todo el dolor que había reprimido durante tanto tiempo volvió de golpe. Después de calmarme, tomé mi teléfono y encontré una invitación que había recibido unos días antes para una exposición internacional de arte y, sin pensarlo más, pulsé «aceptar». En tres días, desaparecería por completo de su mundo.
Nunca Fui Su Prioridad - undefined novels & stories
Aita Cabrera
Mi esposo, Nicolás Ferrer, tenía la costumbre de ordenar la vida según prioridades perfectamente definidas. En nuestro calendario compartido, los eventos marcados en rojo eran inamovibles; los marcados en amarillo se podían negociar y los marcados en gris podían aplazarse en cualquier momento. El cumpleaños de su madre estaba marcado en rojo; las cenas con sus amigos, en amarillo; cualquier evento relacionado conmigo, en gris. Después de siete años juntos, yo seguía ocupando el último lugar. El día de nuestro aniversario de bodas, esperé en el restaurante hasta que las velas se consumieron. Él pospuso la cena para la semana siguiente y me envió un mensaje de voz: "Valeria es muy estricta con la limpieza y no quiere que los empleados de la empresa de mudanzas toquen sus cajas. Iré a ayudarla. Tú siempre has sido muy comprensiva. Te lo compensaré otro día". Contemplé la comida ya fría. No le pedí explicaciones; simplemente abrí el historial del calendario compartido. Mi consulta de seguimiento después de la gastroscopia había sido reprogramada para que él pudiera llevar al gato de Valeria al veterinario. No había estado conmigo durante la operación de mi padre porque estaba cambiándole la cerradura a Valeria. Incluso el día de nuestra boda civil acompañó primero a Valeria a elegir un colchón y me dejó esperando en el Registro Civil hasta poco antes del cierre. Cada vez que él reprogramaba uno de mis eventos marcados en gris, aparecía otro de Valeria marcado en rojo. Todos llevaban la misma nota: "Prioridad absoluta". Releí esas palabras varias veces y recordé algo que Nicolás solía decir: —No hay favoritismos, solo prioridades. Así que, dentro de su orden de prioridades, mi salud, mi familia y nuestro matrimonio valían menos que una sola caja de Valeria. Antes de eliminar el calendario compartido, guardé varias capturas de pantalla. Después, le envié a mi abogada la documentación necesaria para iniciar el divorcio. A él le encantaba vivir de acuerdo con sus planes. A partir de ese día, yo quedaría fuera de sus planes para siempre.
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