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31
Matrimonio×
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Independiente Matrimonio Short Stories & Novels

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Antes de casarme, desperté - undefined novels & stories
Día de Lluvia
Durante el ensayo de la boda, nos pidió por tercera vez que repitiéramos el intercambio de anillos. Mi mejor amiga, Mariana, estaba a mi lado como dama de honor y, con una sonrisa traviesa, dijo: —A ver quién encuentra el anillo. ¿Dónde creen que lo escondí? Mi prometido, Nicolás, sonrió con resignación y empezó a decir dónde creía que podía estar. Yo, empapada en sudor, no podía apartar la vista de la caja vacía. Era otra vez el mismo jueguito de siempre. Cuando éramos niños, Mariana había escondido mi bufanda en el cuarto de calderas y Nicolás se había puesto de su lado, sin decirme una sola palabra. Pasé cuatro horas buscándola y, al final, lo único que encontré fue un pedazo quemado entre las cenizas. Antes del examen de admisión a la universidad, escondió mi credencial en la caseta del perro. Me arrodillé en el suelo para buscarla mientras Mariana me grababa y mandaba el video al grupo de la clase, riéndose de lo desesperada que estaba. Durante años pensé que, si seguía aguantando, algún día terminaría acostumbrándome. Pero ahora por fin lo entendía: ellos nunca iban a saber cuándo parar. —¿Podemos dejar de hacer esto? —pregunté con la voz temblorosa. Nicolás frunció el ceño. —Luci, es solo un juego. —Sí, siempre haces lo mismo. Nos arruinas la diversión —dijo Mariana, molesta. Los dos siguieron riéndose y hablando entre ellos como si yo ni siquiera estuviera ahí. Al poco rato ya estaban decidiendo qué iban a comer esa noche, como si el anillo hubiera dejado de importarles. Los miré un momento y me quité el velo. Ya no quería seguir buscando el anillo. Tampoco quería casarme.
Demasiado tarde para arrepentirte - undefined novels & stories
Gabriela Olmedo
La noche anterior a nuestra boda, durante la fiesta, me encontré en internet con la publicación de un reto para parejas: «Si yo no fuera una opción, ¿con quién te gustaría casarte?». Le pregunté sonriendo a mi prometido, Julian Hayes. Él no lo pensó ni un segundo. —Con Vivian —respondió. Esa era mi hermana menor. —¡En serio, Vivian lo entiende como nadie! —intervino mi mejor amiga—. Cada vez que ustedes pelean, se queda despierta toda la noche hablando con él. Mi hermana estiró el brazo y le dio un golpe juguetón en el pecho. —Mejor controla a tu prometido, hermanita; no vaya a ser que se enamore de mí. Toda la mesa se echó a reír. —Solo es una broma. —dijo mi madre, Margaret Bennett, quitándole importancia con la mano—. Además, Vivian nunca se queja como tú; es normal que Julian le tenga cariño. Él me miró. —Era un chiste. ¿Qué, ya no aguantas ni una broma? No contesté. Bajé la mirada hacia el formulario de confirmación que la organizadora de la boda me acababa de enviar. El vestido, el ramo, la música, el menú… Todo se había elegido al gusto de Vivian. De principio a fin, esta boda solo tenía una cosa que me pertenecía: mi nombre como la novia. Sin embargo, ya que no importaba quién fuera la novia, no tenía ningún sentido casarnos.
Mi menstruación expuso todo - undefined novels & stories
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
Se Casó por Un Reto y Me Perdió - undefined novels & stories
Araceli Martínez Gallardo Prieto
Después de que Seraphina perdió en un juego de verdad o reto, mi prometido fue al Registro Civil y se casó con ella. Lo llamé cuarenta y siete veces. Al final, la única respuesta que recibí fue una captura de la historia de Instagram de Seraphina. En la foto, Seraphina y Vincenzo Ferraro mostraban un acta de matrimonio recién expedida. Ella sonreía como si hubiera ganado. Él llevaba la camisa blanca que yo le había planchado esa misma mañana y le pellizcaba la mejilla como si aquello fuera lo más normal del mundo. Un minuto después, Vincenzo me llamó. —Elena, no hagas esto más grande de lo que es. Fue solo un juego. Dame treinta días. En cuanto me divorcie de ella, nos casamos como lo habíamos planeado. Creyó que iba a perdonarlo, como siempre lo había hecho durante los últimos tres años. Pero esta vez no lloré. No hice ningún escándalo. Solo le di "me gusta" a la historia de Seraphina y le respondí: "Felicidades". Fui a nuestro departamento a dejarle el anillo de compromiso y después desaparecí de Ciudad Aurelia. Él creyó que solo era un arranque mío. Solo cuando ya no pudo comunicarse conmigo y su gente me buscó por toda la ciudad sin encontrarme, por fin entró en pánico. Pero él no tenía idea: la Elena que lo amaba murió en el momento en que se casó con otra mujer.
Siete días para decir adiós - undefined novels & stories
uni
Tenía tres meses de embarazo cuando ocurrió el accidente automovilístico. En esos últimos instantes, mientras mi conciencia se desvanecía, marqué desesperadamente a la línea privada y encriptada de Damian, aquella reservada solo para emergencias. Él nunca contestó. Para cuando me llevaron de urgencia al quirófano, recibí un golpe devastador: Damian había reasignado por la fuerza a mi médico privado principal al Distrito Sur. Necesitaba al mejor doctor para atender a su amor de la infancia, Evelyn, quien acababa de enviudar. Cuando por fin desperté, envuelta en una neblina de agonía, mis dedos temblorosos deslizaron la pantalla y abrieron Instagram. Vi la publicación más reciente de Evelyn: «Sabía que, sin importar la distancia ni el tiempo, Damian movería cielo y tierra para llegar hasta mí. Incluso trajo a su Médico Jefe solo para ayudarme a sanar de mi dolor». En la foto que acompañaba el texto, Damian —un hombre conocido por sus ojos fríos y letales— miraba a la mujer a su lado con una ternura que yo no había visto en años. Mientras yo me aferraba a la vida al borde de la muerte, luchando por salvar a nuestro hijo, mi esposo jugaba a ser el protector de otra mujer embarazada. Una risa hueca y llena de burla hacia mí misma escapó de mis labios. Sin pensarlo dos veces, deslicé la alianza de bodas fuera de mi dedo anular. Abrí mi bandeja de entrada y presioné «Confirmar» en la invitación del Instituto Internacional de Finanzas más elitista del mundo. Si Evelyn es lo único que le importa, entonces les daré mi bendición. En siete días, desapareceré de su mundo para siempre… y me llevaré a mi bebé conmigo.
La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre - undefined novels & stories
Daisy
Para prepararme para el papel que me esperaba, oculté la verdad… que era la única hija de un Rey Alfa. En mi primer año en la manada Luna Oscura, me enamoré de Leo —el hijo menor del Alfa— en el instante en que lo vi. Fueron tres años de amor. Aquel hombre frío y despiadado me consentía hasta el exceso. Y aun así… nunca aceptó realizar conmigo la ceremonia de marcaje. Más tarde descubrí la razón: su manada jamás me consideró digna. Después de todo, la manada Luna Oscura era la más poderosa de los Territorios del Norte, y a sus ojos, yo no era más que una loba errante sin nombre, proveniente de una manada insignificante. A medida que los susurros sobre la diferencia entre nuestros rangos se hacían cada vez más fuertes, decidí contarle la verdad sobre mi linaje. Pero entonces Leo empezó a desaparecer… día tras día. Hasta que, en la noche noventa y nueve de su ausencia, vi una historia en la red social de su amor de infancia. Un árbol de Navidad… decorado con juguetes sexuales. El texto decía: "Leo me lo prometió… la noche de nuestra ceremonia de marcaje, vamos a probarlos todos." Antes de que pudiera siquiera asimilarlo, mi teléfono vibró de nuevo. Un mensaje directo. De la misma mujer. "¿Tienes idea de cuánto me necesita Leo? Cada año, en tu cumpleaños, en cada aniversario… espera a que te duermas y luego viene a pasar la noche conmigo." "Una loba de sangre noble como yo es la única digna de ser su compañera. Tú no eres más que un estorbo entre un Alfa y su Luna." Me quedé mirando las palabras en la pantalla, con el pulgar suspendido en el aire. “¿Debería enfurecerme? ¿Debería derrumbarme?”, me pregunté. Nada… no sentía nada. Solo un vacío, justo donde antes estaba mi corazón. Bien. Este amor contaminado… este hombre… Ya no significaban nada para mí. Cerré los ojos y extendí mi mente a través del enlace mental, buscando a mi padre, el Rey Alfa. "Papá, acepto volver a casa… y heredar el trono."
La Falsa Pobreza Del Don - undefined novels & stories
Serein M
En la noche de nuestro tercer aniversario, Killian volvió a dejarme plantada durante la cena. Me envió un mensaje diciendo que se quedaría trabajando hasta tarde en el taller mecánico. Miré el pastel de oferta, de cinco dólares con noventa centavos, que estaba sobre la mesa. Había tenido que abrirme paso entre la multitud en el supermercado para poder comprarlo. Tragué el amargo nudo que se me había formado en la garganta. «Tenemos que ahorrar para comprar una casa de verdad en Brooklyn», me dije a mí misma antes de guardar cuidadosamente el pastel en la heladera. Me ajusté bien el abrigo barato y salí al frío de la noche para repartir comida a domicilio y ganar un poco de dinero extra. Jamás imaginé que terminaría encontrándome con mi “pobre” esposo en un hotel de lujo en pleno Manhattan. Bajó de un Rolls-Royce con un impecable traje hecho a medida y le lanzó billetes de cien dólares al encargado del estacionamiento. Detrás de él apareció una mujer deslumbrante que llevaba un collar con un rubí de sangre de paloma, una gema de valor incalculable, y se aferró a su brazo con naturalidad. —Killian, está nevando demasiado fuerte. ¿De verdad vas a regresar a Brooklyn para seguir jugando a la casita con tu ingenua esposa pueblerina? —Se quejó con voz caprichosa. Killian bajó la mirada hacia el barato y desgastado anillo de plata que llevaba en el dedo. Por un breve instante, un destello de ternura cruzó sus fríos ojos. —Durante tres años, ella trabajó en cinco empleos distintos para pagar las deudas falsas que yo inventé. Ni siquiera iba al médico cuando se sentía mal. Ya fue suficiente. Pasó mi prueba. Cuando me encargue del traidor que se oculta dentro de mi propia familia, le contaré toda la verdad. Le daré la gloria que merece como mi Donna. La mujer se mordió el labio. —¿Y si descubre que eres un Don de la mafia y que solo está contigo por tu dinero? ¿Por qué no le dices que tienes una enfermedad terminal? Así podrás ver si está dispuesta a sacrificar hasta sus últimos ahorros para salvarte. Ponla a prueba una vez más... Después de un largo silencio, Killian finalmente asintió. —Una última prueba. Después de esto, le daré la boda más majestuosa de todas. El viento helado rugía con fuerza. Apreté la bolsa de papel con la comida entre mis manos; las lágrimas rodaron por mi rostro sin emitir un solo sonido. Se acabó. Ya no quiero seguir aferrándome a este amor arrogante y lleno de mentiras.
Ya no más la esposa secreta del Don - undefined novels & stories
Liora Z
Me casé en secreto con Don Matteo. Cada vez que se acostaba con su amor de la infancia, me prometía una boda de verdad, frente a las Cinco Familias. Durante cinco años, Matteo me lo prometió noventa y nueve veces. Y noventa y nueve veces, me dejó plantada en el altar. La primera vez, el gato de exposición premiado de Cecilia murió. Para consolarla, pospuso la boda por tres meses. Yo me quedé sola en el altar, con los ojos enrojecidos, intentando calmar a los ancianos de la familia. La segunda vez, Cecilia hizo un berrinche en un casino y destrozó un jarrón antiguo valorado en cien millones. Él desvió el jet privado destinado a la boda y voló toda la noche para ir a arreglar su desastre. Y así cada vez, justo antes de nuestra boda, su amor de la infancia tenía algún tipo de emergencia. Yo lloré. Grité. Incluso llegué a apuntarle con un arma a la cabeza. Pero Matteo solo me empujaba contra la pared y me hacía callar con un beso frío y rudo. —Ella es solo un polvo. Tú eres la señora Falcone. Ten un poco de maldita clase. Después de la vez número noventa y nueve, finalmente me harté. Deslicé los papeles sobre la mesa. La tinta aún estaba fresca, con el sello de la familia Falcone estampado al final. —Nuestro matrimonio, nuestra alianza… se terminó.
Nunca Fui Su Prioridad - undefined novels & stories
Aita Cabrera
Mi esposo, Nicolás Ferrer, tenía la costumbre de ordenar la vida según prioridades perfectamente definidas. En nuestro calendario compartido, los eventos marcados en rojo eran inamovibles; los marcados en amarillo se podían negociar y los marcados en gris podían aplazarse en cualquier momento. El cumpleaños de su madre estaba marcado en rojo; las cenas con sus amigos, en amarillo; cualquier evento relacionado conmigo, en gris. Después de siete años juntos, yo seguía ocupando el último lugar. El día de nuestro aniversario de bodas, esperé en el restaurante hasta que las velas se consumieron. Él pospuso la cena para la semana siguiente y me envió un mensaje de voz: "Valeria es muy estricta con la limpieza y no quiere que los empleados de la empresa de mudanzas toquen sus cajas. Iré a ayudarla. Tú siempre has sido muy comprensiva. Te lo compensaré otro día". Contemplé la comida ya fría. No le pedí explicaciones; simplemente abrí el historial del calendario compartido. Mi consulta de seguimiento después de la gastroscopia había sido reprogramada para que él pudiera llevar al gato de Valeria al veterinario. No había estado conmigo durante la operación de mi padre porque estaba cambiándole la cerradura a Valeria. Incluso el día de nuestra boda civil acompañó primero a Valeria a elegir un colchón y me dejó esperando en el Registro Civil hasta poco antes del cierre. Cada vez que él reprogramaba uno de mis eventos marcados en gris, aparecía otro de Valeria marcado en rojo. Todos llevaban la misma nota: "Prioridad absoluta". Releí esas palabras varias veces y recordé algo que Nicolás solía decir: —No hay favoritismos, solo prioridades. Así que, dentro de su orden de prioridades, mi salud, mi familia y nuestro matrimonio valían menos que una sola caja de Valeria. Antes de eliminar el calendario compartido, guardé varias capturas de pantalla. Después, le envié a mi abogada la documentación necesaria para iniciar el divorcio. A él le encantaba vivir de acuerdo con sus planes. A partir de ese día, yo quedaría fuera de sus planes para siempre.
Renacida como la Donna - undefined novels & stories
Liora
En el primer día de mi renacimiento, entré directamente en la habitación de Don Raffaele Caruso y empecé a quitarme la ropa. En mi vida anterior, tuve un matrimonio de conveniencia con su hijo, Matteo Caruso, pero no había amor entre nosotros. Ambos éramos conocidos en el círculo mafioso de Liberty City. Matteo creía que yo era la razón por la que perdió a su primer amor. Pensaba que había entrado deliberadamente en su habitación la noche en que lo drogaron con un afrodisíaco, atrapándolo así en un matrimonio. Por lo tanto, durante ocho años después de nuestra boda, él se emborrachó cada noche y se negó a volver a casa. Incluso cuando entré en trabajo de parto obstruido y estuve al borde de la muerte, nunca preguntó por mí ni una sola vez. Entonces, llegó el huracán. Una tormenta ciclónica se tragó Liberty City. El puerto se derrumbó bajo las olas y solo quedaba un asiento restante en el barco de evacuación. Todos pensaron que Matteo se lo quedaría. En cambio, me empujó con fuerza hacia el barco. —¡Vete! Te doy mi oportunidad de vivir, Chiara. Si hay otra vida, no vuelvas a intentar salvarme. Solo quiero estar con Lucía. Al instante siguiente, su cuerpo fue arrastrado al mar tan negro como la boca del lobo. Yo sobreviví, solo para ser asesinada a machetazos por una familia rival. Lo que Matteo nunca supo fue que no fue el único drogado esa noche. Su padre también lo fue. Así que, esta vez, entré en la habitación justo cuando los efectos del afrodisíaco empezaban a surtir efecto. Raffaele se estaba obligando a soportarlo, con su control al límite. Me acerqué y le dije en voz baja: —Déjeme ser su antídoto, Don Caruso.
¡Sorteé a mi esposo y me salió un bombón! - undefined novels & stories
Fernanda
El día que cumplo veinte años, mis papás ponen ante mí las fotos de herederos de las grandes dinastías empresariales del país para que elija con quién formalizar una alianza. En mi vida anterior escogí sin dudar a Alonso Rivas, el heredero más brillante de la élite capitalina. Después del matrimonio supe que la mujer de sus sueños, Daniela Romero, se hundió en una espiral de dolor: una noche, borracha en un bar, fue agredida por unos sujetos; intentó quitarse la vida tres veces. Alonso decidió que yo era la raíz de todo, le regaló a Daniela los bienes de mi familia y vació a los Molina. Al final, incluso la dejó cortar los frenos, condenándonos a los tres a morir en un accidente brutal Esta vez, con los ojos cerrados, elegí al azar una foto. Dejé que el destino eligiera por mí. Al final, Alejandro de la Vega el destino lo trajo a mi lado, heredero de Guadalajara: austero, espiritual, con el corazón en paz. Pero cuando entré del brazo de Alejandro a nuestra fiesta de compromiso… Alonso enloqueció.
Dieciséis Viajes, Una Traición - undefined novels & stories
Josefina Salas
Durante los cuatro años de universidad, al inicio y al final de cada semestre, Gael Montenegro compraba los boletos de tren para mí y para mi mejor amiga, Micaela Rojas. Siempre decía que los había comprado demasiado tarde y que por eso nunca había conseguido tres asientos juntos. En cuanto recibíamos los boletos, Micaela lo regañaba en nuestro grupo de chat: —Gael, ¿se puede ser más inútil? Compraste tres boletos y acabamos en tres vagones distintos. La próxima vez, aunque tengas que viajar de pie, te quedas al lado de Luciana. Si no, yo misma voy a hacerte pagar. Él le respondía de inmediato: —¿Y tú quién eres para decirme qué hacer? Aunque tuviera que pasar todo el viaje de pie junto a Luciana, no sería asunto tuyo. Yo les creí. Incluso aquella vez que pasé seis horas sola en clase económica, con fiebre y llamándolo más de diez veces en plena noche sin que contestara, pensé que se había quedado dormido en otro vagón. Todo cambió durante el viaje de fin de carrera, cuando un pasajero me pidió que intercambiáramos asientos. Me abrí paso por los vagones hasta el lugar que me había cedido y encontré a Micaela con mi abrigo puesto y la cabeza apoyada en el hombro de Gael, mientras ambos compartían un par de audífonos. Al verme, Gael solo se quitó uno de los audífonos y se enderezó. —Antes de que digas algo, siempre hemos respetado los límites. Te lo oculté porque sabía que te pondrías nerviosa si descubrías que íbamos a pasar seis horas sentados juntos. Micaela dio unas palmaditas en el asiento a su lado. —Soy tu mejor amiga. ¿No prefieres que sea yo quien se asegure de que tu novio respete los límites, en vez de que viaje junto a una desconocida? En ese momento, una empleada del tren se acercó sonriendo y les entregó dos etiquetas de equipaje a juego, pensadas para parejas. —El sistema muestra que, durante los últimos cuatro años, viajaron juntos dieciséis veces y siempre tuvieron asientos contiguos. Por eso quisimos darles este recuerdo. Solo después de decirlo reparó en mí. Consultó de nuevo los datos de la reserva y preguntó: —¿Ella también es amiga de ustedes? Veo que su boleto forma parte de la misma reserva. Qué curioso… En cada reserva de tres boletos, a ella le tocó sentarse sola. El vagón quedó en silencio. Al ver que Gael evitaba mi mirada, por fin lo entendí. Ellos jamás habían viajado separados.
Mi Amor Se Congeló Con Tu Desdén - undefined novels & stories
Mónica Herrera
Tony por fin se dio cuenta de que yo había dejado de contarle todo. Cuando la empresa me envió a un viaje de trabajo, firmé los documentos enseguida, sin consultarlo. Cuando mi mejor amiga invitó a varias parejas a su boda, fui sola y le di un lindo regalo. Incluso al enfermarme y necesitar una cirugía, programé la intervención sin su consentimiento. Como médico, Tony se puso serio al enterarse de la cirugía. —¿Por qué no me dijiste que estabas enferma? Dame tu expediente médico. Yo me encargo de todo. Sin pensarlo, respondí: —No hace falta. Puedo arreglármelas sola. No quiero molestarte. Gracias. Apenas terminé de hablar, los dos nos quedamos en silencio. Hacía menos de un mes, dependía de él para todo. En esa época, ni siquiera podía elegir qué ponerme para una reunión o decidir qué almorzar sin mandarle un mensaje primero.
Escribí en mi diario y mi yo del pasado respondió - undefined novels & stories
Yolanda Beltrán
El día que cumplí veintiocho años, la empresa de mi padre entró de repente en una grave crisis. Y quien estaba detrás de todo resultó ser Santiago Vega, mi esposo, con quien llevaba diez años de relación. Fui a buscarlo para exigirle una explicación, pero los sorprendí juntos en una situación íntima: Santiago y Daniela Cruz, a quien yo siempre había conocido como su hermanastra. —Dani, sé que no ha sido fácil pasar diez años fingiendo ser mi hermana. En cuanto me haga con la empresa de los Navarro, voy a dejar a Valentina de una vez por todas. —Qué bien, Santi. Por fin nos llegó nuestro momento. Valió la pena que desde la preparatoria te la pasaras detrás de ella, complaciéndola en todo. Fue entonces cuando entendí la verdad. Daniela nunca había sido su hermana. Era su verdadera pareja, y yo no había sido más que el medio que Santiago necesitaba para conseguir lo que quería. Todo lo que habíamos vivido durante esos diez años había sido un engaño. Abrí el diario en el que había escrito nuestra historia durante todos esos años y, desesperada, dejé una última frase: "Santiago, tardé diez años en descubrir quién eres en realidad. Si pudiera volver atrás, no querría conocerte nunca..." Apenas terminé de escribir, apareció una frase nueva en la página. "¿Quién eres? ¿Por qué estás escribiendo en mi diario? Santiago es el chico que me gusta. ¿Qué relación tienes con él?"
Desierto bajo el jacarandá - undefined novels & stories
Jimena G.
Poseo un don secreto: cada vez que toco a otra persona, puedo ver en su interior el rostro de la persona que más ama. Todo empezó cuando Miguel Márquez se mudó a la casa de al lado, cuando teníamos siete años. Desde ese momento, yo era la única que ocupaba lo más profundo de su corazón. A los dieciocho, cuando me tomó de la mano, la persona que más amaba seguía siendo yo. A los veintidós, cuando me pidió matrimonio, seguía siendo yo. La noche de nuestra boda, mientras me besaba, también era yo. La mañana de nuestro tercer aniversario de casados, le estaba acomodando el cuello de la camisa. Mis dedos rozaron su nuez de Adán. Cerré los ojos por instinto, como hacía siempre, y vi dos rostros. Uno era el mío. El otro correspondía a una mujer completamente desconocida. Esa misma noche, el celular de Miguel recibió un mensaje: "Miguel, gracias por acompañarme hoy." A lo largo de veintiún años y más de cien mil veces que había tocado a otras personas, era la primera vez que ocurría algo así.
Tres Horas para Ella, Diez Minutos para Mí - undefined novels & stories
Mencía Zavala
Durante ocho años acompañé a mi esposo, el violonchelista Ethan Olvera, desde sus peores momentos —el aislamiento, la autodestrucción y varios intentos de suicidio— hasta verlo tocar en la Sala Dorada de Valdoria. Durante su año más difícil, Ethan ni siquiera podía sostener el arco con firmeza. Una y otra vez lo encontré encerrado en una habitación y me quedé a su lado mientras perdía el control y se derrumbaba. Compuso para mí su primera obra completa y la llamó "La persona que más amo". Me dijo que, mientras yo quisiera escucharla, la tocaría para mí toda la vida. Después llegó la fama. Su agenda se llenó de conciertos por todo el mundo y apenas le quedaban diez minutos a la semana para estar conmigo. Cuando por fin teníamos esos preciados diez minutos para estar juntos, le pedía que volviera a tocar "La persona que más amo". Pero él siempre cerraba los ojos, agotado. —Los conciertos ya me cansan bastante. No quiero seguir con la presión del trabajo cuando llego a casa. Me dolía verlo así, de modo que no volví a pedírselo. Hasta que un sábado me enviaron a Valdoria de improviso para hacer una entrevista. El concierto ya había terminado cuando escuché aquella melodía conocida en el auditorio. Entre el público solo quedaba su asistente, Marina Suárez, dormida en un asiento de la primera fila. Ethan estaba en el centro del escenario, tocando "La persona que más amo" una y otra vez para arrullarla. Alguien le recordó que debía descansar. Él la miró y respondió en voz baja: —No importa. A ella le gusta escucharla. Me quedé escuchándolo tocar para ella durante tres horas enteras después del concierto. Así que no estaba demasiado cansado, ni se negaba a llevarse trabajo a casa. Simplemente ya no quería tocarla para mí. No entré a pedirle explicaciones. Me di la vuelta y me fui. Había decidido aceptar el traslado a la sede de mi empresa en Monteliria por un período de tres años. Me quité el anillo de matrimonio que había llevado durante ocho años.
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