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Trama y ambientación

52
Arrepentirse×
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Arrepentirse
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Drama Familiar
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Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Persecución por Amor
Embarazo
Sistema
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Diferencia de Edad
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Tema

20
Todo
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Historias cortas y novelas de Arrepentirse Romance

Descubre una colección de cautivadoras historias cortas de Arrepentirse Romance, con tramas atrapantes y una narración envolvente. Perfectas para quienes buscan historias de una hora y lecturas rápidas e inmersivas online.
Se arrepintió de robar mi insulina - Romance novela & novela
King Jengibre
Mi novia tenía uno de esos amigos que ella insistía en que era prácticamente de la familia. Durante una caminata en grupo, él sabía que yo tenía diabetes y no podía comer nada con alto contenido de azúcar, pero aun así me convenció de comer una barra energética muy azucarada, y mi nivel de glucosa se disparó casi al instante. Cuando saqué mi insulina para inyectármela, el pánico me atravesó. Habían cambiado mi medicamento por solución salina. Me desplomé al suelo, temblando y con arcadas. El falso chico amable solo me miró desde arriba con una sonrisa torcida y engreída. —¿En serio, hombre? Estás exagerando. Es solo un poco de azúcar. Menos mal que le dije a Selene que cambiara tus medicinas, o nunca habríamos sabido hasta dónde eras capaz de llegar para fingir. Con un cuerpo tan débil, ¿cómo se supone que vas a proteger a Selene? Me volví hacia mi novia, mientras mi respiración empezaba a volverse superficial. —Selene, dame mi insulina. Si no me la inyecto ahora mismo, voy a morir. Ella frunció el ceño, como si el irracional fuera yo. —Estás sobreactuando. Nunca he oído que alguien muera por un poco de azúcar. Adrian tiene razón. Siempre estás buscando llamar la atención. Hoy por fin logramos reunirnos todos, y tú vienes a arruinarlo. Sentí que todo dentro de mí se enfriaba. Ya ni siquiera me molesté en discutir. Tomé mi teléfono con manos temblorosas y, con voz ronca, dije: —Mamá, tu hijo está a punto de que lo acosen hasta la muerte. ¿Vas a intervenir o no?
La guerra terminó; mi vida comenzó. - Romance novela & novela
Myosotis
Le dediqué treinta años de mi vida a Julián Marchetti después de que terminó la guerra. Construí su imperio, crié a nuestros hijos y mantuve unida a la familia desde las sombras. Pero, cuando murió, su testamento ni siquiera mencionaba mi nombre. La mitad de su fortuna fue para nuestros hijos. La otra mitad, para Lidia Carter, la hija del hombre que le había salvado la vida en Normandía. La misma mujer que había robado mi identidad y construido toda su vida sobre las ruinas de la mía. Lo único que me dejó fue una simple nota, garabateada con su inconfundible caligrafía: «Te amé. Tuvimos treinta años maravillosos. Pero le debo demasiado a Lidia. Esto es lo mínimo que puedo hacer por ella.» Caí muerta de un ataque al corazón ahí mismo, en su estudio, aferrada a ese patético pedazo de papel. Cuando volví a abrir los ojos, había vuelto a 1945, justo cuando la guerra acababa de terminar. Esta vez no iba a reprimir mi rabia ni a sufrir en silencio. Estaba decidida a defenderme y a reclamar todo lo que legítimamente me pertenecía.
Mi Esposa Me Mató por Su Amor - Romance novela & novela
Anónimo
Mi esposa, que era jueza, quería salvar a Bruno Ríos, el hombre al que jamás había podido olvidar. Así que, sin mi consentimiento, usó sus contactos para conseguir que me extrajeran uno de mis riñones y se lo trasplantaran a él. Intenté explicarle que mi salud ya estaba gravemente deteriorada. mis resultados médicos fueron manipulados, e incluso algunos resultados clave fueron ocultados. Si me extraían ese riñón, moriría sin remedio. Pero ella me gritó con odio: —¡Bruno se está muriendo y tú sigues aquí, muerto de celos, haciendo un drama para llamar la atención! ¿De verdad no tienes corazón? Con esa autorización irregular y unos estudios médicos manipulados, me llevaron al hospital para extraerme el riñón. Al final, mi cuerpo no resistió y morí miserablemente, olvidado en el hospital.
Sí, todo se trata de la tarjeta de recompensas. - Romance novela & novela
Perfect Timing
La noche en que regresé de mi viaje de trabajo, me llamaron de la farmacia. Me dijeron que esa tarde habían rechazado mi tarjeta de recompensas cuando intentaron usarla y que debía recargarla. Adrian estaba en la cocina, completamente concentrado en preparar la cena. Le pregunté qué había comprado. Sonrió y sacó una caja de suplementos. —Últimamente trabajo hasta muy tarde. El corazón me ha estado dando problemas, así que compré unas vitaminas para fortalecerlo. No dije nada. Suspiró y sacó una tarjeta bancaria. —Ya sé que te importa mucho el dinero. Usé tu tarjeta de recompensas por accidente. Te lo devolveré diez veces. ¿Trato hecho? Normalmente, la habría aceptado. Esta vez, no. Solo lo miré. —Divorciémonos.
Mi amado salió a correr - Romance novela & novela
Lady Drunk
Después de que quedé embarazada, mi esposo salía a correr todas las noches. Una noche, salió con tanta prisa que solo se puso el reloj inteligente. Olvidó llevar su teléfono. Por accidente vi los mensajes que le había enviado a una compañera de trabajo. "¿Quieres venir a cenar gratis? Y tal vez... ¿Probar un poquito de mí también?" "La verdad, esta noche no tengo mucho apetito... excepto de probarte a ti." El estofado de pollo que me dio de cenar esa noche se revolvió en mi estómago. Si mal no recuerdo, él acababa de presentarle a esa misma compañera de trabajo a mi hermano.
Promesas al atardecer - Romance novela & novela
Bellefort
Tres días antes de mi boda, descubrí que Shane Dawson había cambiado el lugar de la ceremonia. En vez de celebrarla en la casa de la abuela Mae, en el sur, la trasladó al Castillo del Sol, un castillo de estilo gótico que Tania Collins, su amor de la infancia, adoraba. Fui a pedirle una explicación, pero antes de entrar lo escuché quejarse con un amigo. —Menos mal que Tania tiene buen gusto. De lo contrario, se habrían burlado de mí toda la vida. Su amigo le recordó: —¿No le prometiste que la boda sería en la casa de su abuela? ¿No te preocupa que se enfade y se niegue a casarse contigo? Shane soltó una risa orgullosa. —Los Quinn están al borde de la quiebra. Casarse conmigo es la única salida que le queda. No puede darse el lujo de arriesgarse. Ya le pedí al organizador de la boda que la llamara. Seguro que ahora mismo anda desesperada intentando cambiar su vuelo. La rabia y la humillación me consumían por dentro. Me mordí el labio y, al final, di media vuelta y me fui. Tres días después, la boda en el castillo se celebró como estaba previsto. Pero yo no cambié mi vuelo. No aparecí. En lugar de eso, en el viejo patio de la casa de la abuela Mae, intercambié anillos con otro hombre. Hasta el día de hoy, Shane sigue sin entenderlo. Yo nunca acepté casarme con él porque fuera mi única salida. Acepté porque lo amé durante diez años. Pero, cuando ese sueño llegó a su fin, también llegó el momento de elegir un camino diferente.
No Protegiste a Nuestra Hija, Ahora Sufre - Romance novela & novela
Mater Solis
En la familia de mi esposo se practica el matrimonio sin convivencia; él no puede reconocer públicamente nuestro vínculo hasta que nazca un varón. Obligándome a respetar las tradiciones de su linaje, me exigió que criara a nuestra hija en total soledad. Seis años después de casarnos, Andrew Sonovan heredó todo lo que dejó su difunto hermano, incluyendo a la viuda, Kasey Jordan. Para cumplir con las exigencias familiares de perpetuar ambos apellidos, se acostó con ella una y otra vez. Luego de esos encuentros, volvía a mi lado y me abrazaba. —Podré celebrar una boda de verdad contigo cuando ella quede embarazada y continúe el linaje de mi hermano. Espera un poco más... —me pedía. Sin embargo, terminé por descubrir que planeaba casarse con Kasey. —¡Cásate conmigo, Kasey! ¡Te haré la mujer más feliz del mundo! Vi a Andrew arrodillarse bajo el resplandor tembloroso de las velas. Miraba a su cuñada con devoción mientras le proponía matrimonio. Ella se acariciaba el vientre y se veía dichosa. Junto a mi hija, presencié su felicidad desde fuera de la habitación. Solo en ese instante comprendí que, durante los últimos seis años, la única que había vivido en el engaño era yo.
La última lluvia antes del adiós - Romance novela & novela
Universo Cercano
El CEO de Buxton Corp recuperó a su antiguo amor. ¿El precio? Su esposa embarazada desapareció sin dejar rastro. Durante el primer mes, Calvin ni se inmutó. Estaba demasiado ocupado adorando a la mujer que siempre había considerado su verdadero amor. En el segundo mes, sus amigos apostaban sobre cuánto tardaría Ángela en regresar de rodillas. Para el tercer mes, el pánico lo consumió. Envió equipos de búsqueda por todas partes para encontrarla. No hallaron nada. Ni una sola pista. A partir de ese momento, nadie volvió a atreverse a pronunciar el nombre de Ángela Astor en toda Auremburg. Pero había algo que nadie sabía. Cada noche, Calvin la extrañaba con tanta intensidad que sentía que estaba a punto de derrumbarse.
Mi Matrimonio, Su Lamento. - Romance novela & novela
María
Empecé a llamar a mi hermano "señor Quinn" y a mi amigo de la infancia "señor Webb". Ambos fruncieron el ceño con desconcierto y me preguntaron por qué estaba siendo tan formal con ellos. Yo simplemente respondí con una sonrisa apenas perceptible. —Porque creo que preferirían que los relacionaran con Vanessa Quinn. Me reprendieron, acusándome de ser caprichosa: —Vanessa está a punto de casarse con un hombre en coma por tu culpa, y su vida entera se arruinará. La única razón por la que la tratamos tan bien es porque estás en deuda con ella. Sin embargo, lo que ellos no saben es que, esta vez, la persona que se casará con el hombre en coma no es Vanessa. Soy yo: Willow Quinn.
Noventa y nueve acuerdos de divorcio - Romance novela & novela
Universo Cercano
La misma noche en que Lisa, el primer amor de Finn Chapman, se divorció, él me arrojó el acuerdo de divorcio número noventa y nueve. —Lisa tiene el corazón roto. No puede superarlo. Tengo que cuidarla —dijo. Incluso nuestro hijo de siete años intentó convencerme. —Deberías aceptar el divorcio e irte —me dijo—. Deja que Lisa se mude con nosotros. Ya no necesitamos una sirvienta como tú. Padre e hijo estaban seguros de que gritaría, lloraría y les rogaría que no me echaran. Pero no lo hice. Simplemente asentí, firmé los papeles del divorcio en silencio y me fui. Diez años después, mi hijo obtuvo el puntaje más alto en el examen de admisión a la universidad. Durante una entrevista, un reportero le preguntó: —¿Qué te motivó a estudiar con tanto empeño durante todos estos años? Guardó silencio por un momento. Luego, delante de todos, sus ojos se enrojecieron. —Porque quería decirle a mi mamá que ya crecí —respondió con voz temblorosa—. ¿Volverías conmigo? Por favor, no me abandones otra vez.
Mi Novia Eligió a Mi Mejor Amigo - Romance novela & novela
Bernaldma Marín
Durante una reunión, Estrella Sánchez, mi novia, perdió una ronda de verdad o reto. Le empezaron a dar cuerda para que dijera diez cosas buenas de Sebastián Hernández, mi mejor amigo de la infancia. Ella respondió casi sin pensarlo: —Es extrovertido, guapo, está en forma, es atento y sabe consolar a los demás. Siempre está sonriendo, sabe tratar a la gente, es capaz y tiene buen gusto. Además, sabe cómo hacer feliz a los demás. En la siguiente ronda, Sebastián sonrió y le devolvió la pregunta: —Entonces dinos, ¿qué le ves de bueno a Daniel? Estrella me miró y se quedó paralizada unos segundos. Al final, solo dijo: —Es comprensivo. Alguien intentó aliviar la tensión con una sonrisa. —¿Y qué más? Estrella frunció el ceño y pareció pensarlo durante mucho rato, pero no logró mencionar una segunda cosa buena. En medio de aquel silencio incómodo, de pronto me sentí agotado. Ella y yo llevábamos siete años juntos y nuestra boda sería la semana siguiente. Sin embargo, después de pensarlo tanto, lo único bueno que había podido decir de mí era que era comprensivo. Esta vez, ya no quería seguir siendo el comprensivo de siempre.
Llegó su amor de infancia y yo me fui - Romance novela & novela
Sunnys
Había perdido la cuenta de cuántas veces Ethan me había rechazado cuando le pedía quedarme a dormir en su casa. —Ethan, eres un aburrido —protesté. El día anterior, había encontrado una marca en la puerta principal, una señal de las que se usan para indicar que en esa casa vivía una mujer sola. Me dio mucho miedo, así que acudí a Ethan y le pregunté si podía quedarme en su casa por unos días. Él se negó. —Te reservaré una habitación de hotel para esta noche. Su tono se suavizó al verme triste. —Es solo que no quiero renunciar a mi propio espacio tan pronto. Dame un poco de tiempo para acostumbrarme a la idea, ¿sí? Llevábamos tres años juntos y, sin importar a qué hora terminaran nuestras citas, él siempre me llevaba de vuelta a casa. Nunca me pidió que me quedara. No me hizo ninguna gracia, pero asentí y lo dejé pasar. Como todavía no era tan tarde, sugerí que fuéramos a ver la película que acababa de estrenarse. Ethan, en lugar de aceptar, miró la hora y me llevó rápidamente al hotel, visiblemente inquieto. Sola en la habitación, encontré en redes sociales una publicación de una nueva compañera de trabajo. «El aire acondicionado de mi casa se descompuso. Menos mal que tengo a quién acudir; si no, me derretiría». La foto detrás del texto mostraba la pared de la sala de Ethan, con su televisión al fondo. Sentí un nudo en el estómago. Me quedé mirando la imagen durante un buen rato. Cuando reaccioné, tenía el rostro empapado de lágrimas. Entonces, me quité el anillo de compromiso que Ethan me había dado. Un amor que había sido corrompido por algo podrido en su interior ya no era el amor que yo quería para mi vida.
Dejé de ir tras su vuelo. - Romance novela & novela
Feath
Brandon Smith llevaba ocho años volando. Estuve con él desde que empezó como copiloto hasta que logró ascender a capitán. En el año más ocupado de su carrera, renuncié a mi trabajo y empecé a cocinar según sus horarios de vuelo. Solo una vez le hice una pregunta: —¿Podrías mostrarme algún día cómo se ve todo desde miles de metros de altura? Solo una vez, por favor. Brandon siguió comiendo. —El avión es un lugar de trabajo, no un parque de diversiones para ti. —Está bien —respondí. Desde entonces, nunca volví a mencionarle el tema. Hasta que una noche, mientras sufría de insomnio, encontré por accidente un álbum de fotos oculto y protegido en el teléfono de Brandon. El álbum contenía más de cuarenta fotos, todas tomadas desde su perspectiva como piloto. Había mares de nubes, atardeceres, arcoíris dobles después de una tormenta y hasta la Vía Láctea en el cielo nocturno mientras el avión volaba a miles de metros de altura. Todas las fotos se las envió a la misma persona, guardada bajo un emoji de oso. La más reciente era una foto del hermoso cielo al atardecer, tomada tres días antes. La mitad del sol asomaba entre las nubes. El mensaje que acompañaba la foto decía: "El cielo hoy está tan hermoso como siempre. La próxima vez que vengas, puedes sentarte en el asiento del observador. Desde ahí tendrás el mejor ángulo para ver el cielo". La persona del emoji de oso respondió con un emoji de abrazo y una frase corta: —Espera a que esté de descanso. Volví a dejar el teléfono de Brandon en su sitio, sin cambiar la contraseña ni borrar el álbum. Cuando salió el sol, me preparé un café como de costumbre y me lo tomé en silencio. Después, encendí la computadora y reservé un vuelo a Dalco. Después de ocho años, ya no tenía que perseguir las rutas de vuelo de Brandon ni esperar a que llegara la sus horarios de comida. Tampoco tenía que quedarme en una casa vacía mientras intentaba adivinar hacia qué destino volaba en ese momento. Ya que el cielo de Brandon se negó a aceptar mi presencia, echaría raíces en otro lugar y contemplaría ese atardecer por mi cuenta.
Un juego reveló la traición de mi esposo - Romance novela & novela
Xavier Alegría
En nuestro segundo aniversario, Sebastián Duarte invitó a varios amigos de su tierra a casa para una cena. Después de unas copas, durante un juego, mi mejor amiga, Camila Ferrer, fue la primera en hablar. Lo hizo en guaraní. —Yo sí... pasé toda una noche con uno de los hombres que están aquí, en la cama de su propia novia. Todos alrededor de la mesa estallaron en carcajadas. Sebastián sostuvo su copa con calma y, también en guaraní, respondió con una sonrisa: —Pues yo también... a espaldas de mi novia, me acabé dos cajas de condones con su mejor amiga. Las risas aumentaron todavía más. Camila le dio una patada. —¡Habla más bajo! ¡La tienes sentada justo al lado! Sebastián se volvió hacia mí sonriendo. —Ella es de Santa Lucía. No entiende guaraní. Luego me pellizcó la mejilla con cariño. —¿De qué están hablando? —pregunté en voz baja. —Camila dijo que ya tiene novio y todos se están burlando de ella por eso. Como si nada hubiera pasado, puso un trozo de carne en mi plato. A través de la copa de vino y las luces borrosas, los vi juntos, como si una niebla invisible intentara ocultar la realidad que no quería aceptar. Siempre había creído que Sebastián me conocía bien, pero él nunca imaginó que yo había nacido en Puerto Esmeralda, donde también se hablaba guaraní.
Morí el día que intentó volver - Romance novela & novela
Golden Cicada
Tiempo atrás, le hice una promesa a la actriz más cotizada de la industria: si le pedía matrimonio públicamente noventa y nueve veces durante mis transmisiones en vivo, cuando lo hiciera por centésima vez, ella haría oficial nuestra relación. Sin embargo, cuando llegó el momento de mi propuesta de matrimonio número cien, ella estaba en un yate privado, besándose con un actor en ascenso. Sonreía con dulzura, completamente despreocupada. Así fue como terminé convertido en el hazmerreír de todos. Quizá por culpa, me envió un mensaje: «En tu propuesta número 101, te diré que sí». Poco después, se unió a mi transmisión en vivo. Parecía una diosa bajada del cielo. Pero, ante sus propios ojos, prendí fuego a las cien cartas de amor que le había escrito a lo largo de todos esos años, junto con el diagnóstico de cáncer de estómago que guardaba en la caja. —No habrá una propuesta número ciento uno, señorita Ford.
Cuando Dejé de Esperarte - Romance novela & novela
Luz Reyes
Mi prometido, Martín Salazar, tenía una regla extraña: después de las nueve de la noche no contestaba ninguna llamada. Ni siquiera hacía excepciones cuando estábamos en la etapa más apasionada de nuestra relación. En cuanto daban las nueve, colgaba sin contemplaciones. Una vez regresé tarde a casa y noté que un hombre me seguía. Presa del pánico, lo llamé, pero solo obtuve una respuesta cargada de impaciencia: —¿No puedes respetar mi horario de descanso? Voy a colgar. Aquella noche tuve que ir sola a la comisaría a presentar la denuncia y, aun así, sentí que no tenía derecho a reprocharle nada. Sin embargo, un día, mientras usaba su computadora, vi por casualidad en el registro de llamadas sincronizado con su celular una llamada que había comenzado a las nueve de la noche y terminado a las nueve de la mañana siguiente. Doce horas completas. Y no era un caso aislado: había registros similares casi todas las noches durante los últimos cinco años. Conocía muy bien ese número. Pertenecía a Lilia Robles, una estudiante de posgrado cuya directora de tesis era la madre de Martín y que, además, trabajaba como asistente de Martín. En ese instante, me quedé sin fuerzas. Permanecí sentada tanto tiempo que las piernas se me entumecieron. Después cerré la computadora en silencio y cancelé nuestra cita de matrimonio en el Registro Civil. Yo nunca había sido esa excepción. Y ya no estaba dispuesta a seguir esperándolo.
Ellos la Eligieron, Yo Elegí Irme - Romance novela & novela
Andrea Carolina González
En la fiesta de graduación, los cinco amigos de siempre jugamos a ver qué tan bien nos conocíamos. En la primera ronda, mi mejor amiga, Valeria Ríos, les preguntó a los tres chicos: —Si Clara y yo necesitáramos ayuda al mismo tiempo en plena noche, ¿a cuál de las dos rescatarían primero? Mis tres amigos inseparables de la infancia escribieron el nombre de Valeria sin haberse puesto de acuerdo. Alguien comentó entre risas que los tres estaban perfectamente sincronizados. Valeria explicó: —Tal vez sea porque yo soy la más miedosa. Clara es tan capaz que no necesita que nadie vaya a rescatarla. Los tres asintieron. Pero habían olvidado que, cuando yo tenía dieciséis años y quedé atrapada en la montaña, ellos me encontraron en medio de una tormenta y hasta discutieron por quién me cargaría durante el descenso. En aquel entonces, los tres me prometieron: —Pase lo que pase, siempre te elegiremos primero. En la segunda ronda me tocó hacer la pregunta. Los miré y leí la tarjeta con una sonrisa: —Si solo cuatro de nosotros pudiéramos ir juntos a la universidad, ¿a quién dejarían fuera? El salón quedó en absoluto silencio. Valeria se mordió el labio y fue la primera en mostrar su tarjeta de respuesta. Había escrito su propio nombre. Sin embargo, cuando los otros tres mostraron sus tarjetas, en todas aparecía mi nombre. Sebastián Vega, quien siempre había sido el más protector conmigo, habló primero: —Es solo un juego. No te lo vas a tomar en serio, ¿verdad? Mateo Lozano se apresuró a explicarse: —Valeria sufre ataques de ansiedad cuando está sola. No puede irse sin compañía a una ciudad desconocida. Gabriel Castro me acarició el cabello con la dulzura de siempre. —De todos modos, tú también elegiste una universidad de aquí. Aunque al final fueras tú quien se quedara, podrías volver a casa todos los días. No sería como abandonarte. Contemplé las cuatro tarjetas y, de pronto, también sonreí. Lo que ellos ignoraban era que yo jamás había pensado postularme a la universidad local que ellos habían escogido para mí.
Antes de casarme, desperté - Romance novela & novela
Día de Lluvia
Durante el ensayo de la boda, nos pidió por tercera vez que repitiéramos el intercambio de anillos. Mi mejor amiga, Mariana, estaba a mi lado como dama de honor y, con una sonrisa traviesa, dijo: —A ver quién encuentra el anillo. ¿Dónde creen que lo escondí? Mi prometido, Nicolás, sonrió con resignación y empezó a decir dónde creía que podía estar. Yo, empapada en sudor, no podía apartar la vista de la caja vacía. Era otra vez el mismo jueguito de siempre. Cuando éramos niños, Mariana había escondido mi bufanda en el cuarto de calderas y Nicolás se había puesto de su lado, sin decirme una sola palabra. Pasé cuatro horas buscándola y, al final, lo único que encontré fue un pedazo quemado entre las cenizas. Antes del examen de admisión a la universidad, escondió mi credencial en la caseta del perro. Me arrodillé en el suelo para buscarla mientras Mariana me grababa y mandaba el video al grupo de la clase, riéndose de lo desesperada que estaba. Durante años pensé que, si seguía aguantando, algún día terminaría acostumbrándome. Pero ahora por fin lo entendía: ellos nunca iban a saber cuándo parar. —¿Podemos dejar de hacer esto? —pregunté con la voz temblorosa. Nicolás frunció el ceño. —Luci, es solo un juego. —Sí, siempre haces lo mismo. Nos arruinas la diversión —dijo Mariana, molesta. Los dos siguieron riéndose y hablando entre ellos como si yo ni siquiera estuviera ahí. Al poco rato ya estaban decidiendo qué iban a comer esa noche, como si el anillo hubiera dejado de importarles. Los miré un momento y me quité el velo. Ya no quería seguir buscando el anillo. Tampoco quería casarme.
Mi Rival Se Declaró a Mi Esposo - Romance novela & novela
Silvia Aguirre
Antes de la reunión de exalumnos con motivo del décimo aniversario de nuestra graduación, Manuela Serrano, quien había sido la chica más guapa del colegio, colocó en cada mesa una copia impresa de la carta que yo le había escrito a Adrián Valdés cuando yo pesaba cien kilos. En el grupo de WhatsApp organizó una apuesta con una cuota de diez a uno: aseguraba que esa misma noche lograría que Adrián, quien había sido el chico más popular del colegio y ahora poseía una fortuna de más de cien millones de dólares, correspondiera a sus sentimientos. Para lucirse a mi costa, me obligó a elegir entre ponerme mi viejo uniforme y subirme a la báscula delante de todos o volver a leer aquella carta en público. "Tu carta estaba tan llena de manchas de grasa que daba asco tocarla. Así Adrián verá claramente la diferencia entre tú y yo. Ponte de una vez ese uniforme 4XL y súbete a la báscula. Cuando sea la esposa de Adrián, usaré esos doscientos mil para comprarte comida para cerdos". Sus aduladores se sumaron de inmediato. "Ni gastándose doscientos mil dólares en liposucciones lograría quitarse ni la mitad de la grasa de una sola pantorrilla". "Cuando empiece a moverse, aléjense; no vaya a salpicarnos con todo ese sudor". Manuela estaba convencida de que yo seguía siendo aquella chica gorda que no se atrevía a dejarse ver. También daba por hecho que Adrián solo podía fijarse en ella. No discutí. Elegí la primera opción y aposté doscientos mil dólares a que Adrián rechazaría a Manuela. Antes de que yo saliera de casa, Adrián me subió el cierre del vestido y preguntó en voz baja: —Amor, ¿cuánto tiempo tendremos que fingir esta noche que no nos conocemos? Me quité el anillo de bodas y lo guardé en el bolso junto con una copia certificada de nuestra acta de matrimonio. —Hasta que termine de confesarte lo que siente.
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