Novels
Short Stories

Genres

Romance×
All
Romance
Drama Realista
Hombres Lobo
Mafia
MM Romance
Vampiro
Mitología
Fantasía
Vida Escolar/Campus
Imaginación
Reencarnación
Misterio/Suspenso
Leyenda Popular
POV masculino

Characters

49
Independiente×
All
Egoísta
Mujer Poderosa
Amante
Independiente
Mafia
Alfa
Canalla (Hombre)
Amigos de la Infancia
CEO/Magnate
Hipócrita
POV masculino
Primer Amor
Psicópata
Sin Sentimientos
Luna
Rompehogares
Compañero
Doble Reencarnación
Mujer Casada Joven
Amor Incondicional
Heredera Verdadera/Falsa
La más Popular
Excéntrico/a
Mejor Amiga
Vampiro
Escoria
Doctor/a
Diosa/Idol
Calculador/a
Protagonista Animal
Secretario/a
Identidades Múltiples
Obsesionado/a con el Amor
Canalla (Mujer)
Vecindario
Íncubo
Sustituto/a
niño
Profesor
Hombre Bestia
Elfo
Tierno pero posesivo
Forense
Estudiante Pobre
Sumiso/a en el Amor
Piloto
Supermacho paranoico
Celebridad
Influencer
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Plot & Setting

52
Reconquista Desesperada×
All
Reconquista Desesperada
Arrepentirse
Dejar en ridículo
Cuenta Regresiva
Infidelidad
Matrimonio
Venganza
Karma
Castigo al Infiel
Drama Familiar Total
18+
Drama Familiar
Seducción
Despertar
Encuentro Amoroso
Liarse con alguien
Fingimientio de Muerte
Ambiente Laboral
Desarrollo Femenino
Persecución por Amor
Embarazo
Sistema
Amor Prohibido
Reconciliación
Redención
Origen de Familia
Acoso
Matrimonio por Sustitución
Crimen
Crush Mutuo
Diferencia de Edad
Viaje en el Tiempo
Dentro de la Novela
Telepatía
Matrimonio por Contrato
Aventura
Vida Escolar/Campus
Transmisión en Vivo
Amor Forzado
Descubrimiento de una Infidelidad
Apocalipsis
Solidaridad
Amigas Divorciadas
Desafiar Destino
Maldición
Matrimonio antes del Enamoramiento
Mundo del Entretenimiento
Romance Fantástico
Ventaja Especial
amado/a por todos
Misterio/Detective
Escape de la Boda
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Themes

20
All
Giro Inesperado
Romance Amargo
Satisfacción/Poder
Melodramático
Renacido
De Perdedor a Ganador
Lazo Familiar
historia de la muerte
Dulce Romance
Dulce y Doloroso
Obsesivo
Inspirador
Sanador
Crush
Comedia
Bizarro/Peculiar
Múltiples Perspectivas
Complejo/Intrigante
Enfermizo/Retorcido
Apasionante
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Independiente Romance Short Stories & Reconquista Desesperada Novels

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Mi Última Decisión Antes del Sí - Romance novels & stories
GordiPluma
En vísperas de la boda, Naim de repente sufrió un asalto accidental. Cuando escuché la terrible noticia y llegué corriendo al hospital, ya no me reconocía. El doctor dijo que, producto del fuerte golpe en la cabeza, sufría de amnesia temporal. Así que me esforcé al máximo haciendo itinerarios, lo llevé a recorrer todos los lugares llenos de nuestros recuerdos, tratando de despertar su memoria. Pero después, en una revisión en el hospital, por casualidad lo escuché hablando con un amigo. —Renata se esfuerza mucho por ti, ¿acaso no te conmueve? —¿Conmoverme? Me tiene cansado. Todos los días me lleva a los mismos lugares, sin ninguna novedad. Las muchachas jóvenes sí que saben de cosas divertidas. —Entonces ¿para qué te vas a casar con ella? En mi opinión, si quieres estar más libre, mejor cancela el compromiso. Sin embargo, él se enojó muchísimo. —¡¿Qué tonterías dices?! ¡¡Amo tanto a Renata!! ¿Cómo voy a cancelar el compromiso con ella? ¡No, no! Definitivamente, me voy a casar con ella. Solo quiero… retrasar un poco el tiempo. Mirando el reporte médico en mis manos, que mostraba todo estaba normal, por fin desperté. Resulta que realmente no se puede despertar a alguien que finge estar dormido.
Adiós sin Fecha de Regreso - Romance novels & stories
Dulce Gelatina
El día de mi boda, mi prometido y mi hermana Lana tuvieron relaciones en el cuarto de descanso, en donde los atraparon en el acto. Me volví el hazmerreír de todos. Fue mi amigo de la infancia Ramón quien públicamente me pidió matrimonio frente a todos, protegiéndome ostentosamente. Después del matrimonio, me obedecía en todo. Lástima que siempre tuvimos problemas en la intimidad. Hasta que este año, después de la fertilización in vitro, me embaracé. Después de eso me cuidaba aún más. Pensé que él era mi destino. Hasta ese día, que escuché su conversación con un amigo. —Ramón, eres demasiado cruel, Norma te trata tan bien, ¿cómo puedes porque Lana tiene miedo del dolor y no se atreve a parir, cambiar los óvulos para que Norma sea madre sustituta? Además, el bebé va a nacer en dos meses, ¿qué planeas hacer entonces? Ramón se quedó callado un momento, y suspiró. —Cuando nazca el bebé, se lo voy a dar a Lana, para cumplir uno de sus deseos. En cuanto a Norma, le voy a decir que el bebé murió. El resto de mi vida, la acompañaré. Así que era eso. Lo que yo creía que era cariño tierno, era para complacerla a ella. Me di la vuelta y programé un aborto. No quería a ese bebé sucio, y mucho menos ese matrimonio falso.
Las tarjetas del perdón se acabaron - Romance novels & stories
Junio
Diego Pinto organizó sesenta y seis viajes solo para pedirme matrimonio. Y fue recién en el intento número sesenta y siete que logró de verdad tocarme el corazón. El día después de la boda, le preparé sesenta y seis tarjetas de perdón. Teníamos un trato: cada vez que me hiciera enojar, podía usar una para ganarse mi perdón sin discusiones. Durante seis años de matrimonio, cada vez que me enojaba por su amiga de toda la vida, él venía y me pedía que le quitara una tarjeta. Pero cuando usó la tarjeta número 64, Diego se dio cuenta de que algo en mí ya había cambiado.
Renacimos los dos... y él terminó en la cárcel - Romance novels & stories
Ana S. Flores
El día de la sentencia, mi prometido Diego González me tomó de la mano, sollozando, y me pidió que dejara de defender mi inocencia y firmara un acuerdo de culpabilidad. —Clara, sé que tú no hiciste nada… pero Isabella está esperando un hijo mío. No puedo permitir que ella vaya a la cárcel. Hazlo por tu bien, por favor —suplicó, con lágrimas que le empañaban la mirada. Sin dudarlo ni un instante, firmé el acuerdo. En mi vida anterior me negué a cargar con la culpa de Isabella García y, por eso, no solo terminé tras las rejas: la furia de Diego envió gente a torturarme hasta dejarme estéril. Esta vez me propuse complacerlo. A la mañana siguiente, los noticieros reventaron con la primicia de que yo había robado secretos comerciales de la Corporación López. Para colmo, Isabella se presentó como testigo. —Sí, fue ella; la vi con mis propios ojos infiltrarse en la compañía —declaró ante las cámaras. Pero aquella tarde, cuando inició la audiencia, el demandante Santiago López, director general de la corporación, retiró la acusación. Bajo la mirada atónita de la prensa, sacó un anillo, se arrodilló y me preguntó: —Clara, ¿en esta vida aceptarías casarte conmigo?
Ya no necesité tu boda - Romance novels & stories
Pez
Mi prometido me pidió matrimonio en un puestito callejero, pero a ella le juró amor eterno en un yate de lujo. A 48 horas de la boda, lo dejé.
Flor de Espinas - Romance novels & stories
Alen
Ariadna Luján arriesgó su vida por salvar a Fabián Morales, y eso le costó su audición. A pesar de su sacrificio, tuvo que aguantar las burlas y humillaciones por parte de los amigos de él. Por ello, aunque corría el riesgo de quedar con muerte cerebral, Ariadna decidió operarse para poder volver a oír. Cuando la cirugía salió bien, quiso compartir su alegría con su prometido, pero Fabián, borracho, estaba pensando en otra mujer durante un momento íntimo. Ahí, ella se dio cuenta de que él nunca había olvidado a su primer amor. Con el corazón roto, Ariadna por fin abrió los ojos y tomó la decisión de irse lejos, dejándolo todo atrás, incluso a Fabián.
Después de 99 decepciones, ya no quiero su amor - Romance novels & stories
Zafira
El día de mi boda, mi hermana menor regresó al país de improviso. Mis papás, mi hermano y mi prometido me dejaron sola y se fueron al aeropuerto a recibirla. Mientras ella subía a sus redes una foto grupal, presumiendo que todo mundo la adoraba, yo marqué una y otra vez: me colgaron todas las llamadas. El único que contestó fue mi prometido: —No hagas un drama; la boda se puede volver a celebrar. Ese día me convirtieron en el hazmerreír de la boda que tanto había esperado. La gente señalaba, se burlaba, y yo tragué en seco. Respiré hondo, arreglé todo yo sola y, en mi diario, escribí un número nuevo: 99. Era la decepción número noventa y nueve. Entendí que no iba a seguir esperando su amor. Completé la solicitud para estudiar en el extranjero y empaqué mi maleta. Todos creyeron que, por fin, me había calmado. No sabían que ya me iba.
Donde el amor me dejó vacía - Romance novels & stories
Dalia
El día en que Rosa, el amor de mi esposo, enferma terminal, dio a luz a su hijo, mis suegros contrataron a diez guardaespaldas para vigilar la sala de partos y asegurarse de que yo no apareciera a hacer un escándalo. Pero la verdad es que nunca fui. Mi suegra, Melina, le tomó la mano a Rosa conmovida: —Rosa, mientras estemos nosotros aquí, ¡Fiona jamás podrá hacerte daño a ti ni a tu bebé! Mi esposo, Benito Cruz, con ternura en la mirada, la acompañaba durante el parto, secándole el sudor de la frente. —Tranquila, mi padre está con su gente en la entrada del hospital. Si Fiona se atreve a venir, la sacamos en el acto. Al ver que pasaban las horas y yo no aparecía, por fin se tranquilizó. Para él no tenía sentido pensar que yo fuera capaz de armar una escena. Solo quería cumplirle a Rosa su último deseo: ser madre antes de morir. ¿Por qué yo me empeñaría en arruinarlo? Cuando escuchó el llanto del recién nacido en brazos de la enfermera, no pudo evitar sonreír con alivio. Pensó que, si al día siguiente yo iba a disculparme con Rosa, se olvidaría de todas nuestras peleas. Incluso estaba dispuesto a dejar que yo criara al niño como si fuera mío. Lo que él no sabía era que, en ese mismo instante, yo acababa de entregar mi informe en la ONU. En una semana iba a renunciar a mi nacionalidad para unirme a Médicos Sin Fronteras. Y desde entonces jamás volvimos a vernos.
Ecos de un Amor - Romance novels & stories
Jimena
Mi novio insistió en escalar de noche la montaña nevada para ver la cascada. Ese mismo día, resbalé y caí desde la cima. Al despertar, descubrí que no solo sufría amnesia, sino que también había perdido una pierna. Incluso mi novio se había convertido en el esposo de mi hermana. De repente, todos me abandonaron. Solo Samuel, mi psicólogo, me guió con paciencia y cuidado. Cuando me propuso matrimonio con flores y un anillo frente a todo el personal médico, creí ver al ángel que había venido a salvarme. Pero seis meses después de casarnos, lo escuché por casualidad hablando con su amigo: —Samuel, parece que la hipnosis de este año ha sido un éxito. Ya ayudaste a Valeria a obtener lo que quería, ¿para qué dar un paso más y casarte con Sofía? —¿Crees que lo deseaba? Es solo por si recupera la memoria y podría hacerle daño a Valeria. Así la vigilo de cerca. —¿Merece la pena hacer tanto por Valeria? Ya antes limpiaste todos sus desastres, ¿y ahora usas a Sofía para eso…? —Haría lo que fuera con tal de ver feliz a Valeria. Samuel apagó el cigarrillo con fuerza y, tras un largo silencio, respondió lentamente: —Además, solo es prestar un vientre… ¡Aprovechar lo inservible!
La Falsa Traición, los Años Perdidos - Romance novels & stories
MIA
Cuando Samuel Ledesma trajo a su nueva amante a casa por décima octava vez y hicieron el amor frente a mí, yo solo me limité a recoger en silencio la ropa que habían dejado tirada por todo el suelo. Sabía que eso era su venganza. Hace cinco años, sufrió un secuestro y estuvo a punto de morir. A pesar de sus súplicas desesperadas, yo decidí romper con él y marcharme del país. Cinco años después, se convirtió en el presidente de una empresa que cotizaba en bolsa y usó su dinero para mantenerme a su lado como su asistente. Cada cierto tiempo, traía a diferentes mujeres a casa y me mostraba, justo delante de mí, lo enamorados que estaban, solo para humillarme. Pero él no sabía que la persona que lo salvó de los delincuentes hace cinco años fui yo, y que la que no ha podido olvidarlo durante estos cinco años también era yo. Hasta que esta vez, la mujer que trajo a casa fue mi prima Judith, a quien yo había financiado durante años. Cuando ella, con una sonrisa de triunfo, acariciaba su vientre y me dijo que estaba embarazada de Samuel, yo simplemente la felicité con calma. Luego me di la vuelta y marqué un número. —Hola, respecto al proyecto de apoyo médico en la zona epidémica del que hablamos antes, ya lo he pensado bien. Estoy dispuesta a unirme.
La ira de una esposa de la mafia - Romance novels & stories
Matcha 66
Todos sabían que yo, Isabella Marino, era la mayor debilidad de Vince Moretti: lo único que el jefe de la mafia nunca toleraría que fuera tocado. Hace años, cuando fui secuestrada, Vince se desarmó a punta de pistola, arriesgando la muerte para recuperarme, incluso pagando toda su fortuna por mi rescate. Para mantenerme a salvo, caminó al borde del abismo, navegando el peligro a cada paso. Después de que quedé embarazada, me atendía sin descanso, apenas permitiendo que mis pies tocaran el suelo. Había rumores de que mantenía a una amante mimada afuera, una mujer a la que malcriaba sin límites. Nunca les creí. Pero entonces ella se pavoneó frente a mí. Para rogar por mi perdón, Vince se cortó su propio dedo. Al día siguiente, esa mujer me mostró en la cara los resultados de su prueba de embarazo, burlándose y diciendo: —¡Vince quería tanto un bebé conmigo que simplemente no pudo evitarlo! Ya estaba frágil. La conmoción y la rabia me llevaron a un aborto espontáneo.
Muerta para Él, Libre para Mí - Romance novels & stories
Ingrid Herrera Aparicio
Cuando descubrí que estaba embarazada, Miguel Michaus gastó una fortuna en contratar a un médico de renombre para que me prescribiera medicamentos para proteger al bebé. Él, que jamás fue creyente, se arrodilló en una iglesia durante horas, rogando que yo pudiera dar a luz sana y salva. —Amor, has sufrido mucho. Cuando nazca el bebé, te lo voy a compensar como te lo mereces. Ese mismo día, por accidente, contesté una llamada en su lugar. —Señor Michaus, tal como indicó, a los medicamentos de la señora ya se les añadió el fármaco esterilizante. Cuando llegue el momento, el bebé nacerá sin vida. En cambio, el hijo de la señorita López está perfectamente sano; nacerá sin complicaciones y se convertirá en el heredero del Grupo Michaus. La señora Santerbás no notará nada, ni se dará cuenta; no se verá afectada su relación con usted. Esté tranquilo. Bajé la mirada hacia mi vientre abultado. Jamás imaginé que su amor fuera tan falso. Así que ya no tenía nada que me retuviera. Firmé los papeles del divorcio y elegí marcharme.
Si No Puedo Retenerte - Romance novels & stories
Doña Lluvia
Mi esposo, comandante del batallón, me prometió que solo acompañaría noventa y nueve veces a su “amor de juventud”, Paula Ferrer, cuando su depresión se descontrolara. Pero cuando terminé de contar las noventa y nueve veces, lo vi abrazándola, él la sostenía fuertemente entre sus brazos. Después de eso, dejé de llorar y de intentar detenerlo cada vez que iba a buscarla. Solo le pedí un amuleto de protección como regalo para el hijo que estaba por nacer. Cuando mencioné al bebé, su expresión se suavizó un poco, era suave y tierna. —Espérame, volveré e iré contigo al hospital para el control prenatal. Yo solo asentí obediente. No le dije que, diez días atrás, ya había presentado la solicitud de divorcio en el registro civil. Ahora, estamos divorciados.
Traición a la luz en la cena de Navidad - Romance novels & stories
Burbuja de Yogur
Aquella Navidad, mi esposo estaba lejos, atrapado en un viaje de trabajo que lo mantuvo apartado de mí en una fecha que siempre imaginé distinta. Como si eso pudiera remediarlo, ordenó que me enviaran una cena navideña de un restaurante elegante, directo hasta la puerta de mi casa. Pero al abrirla, algo dentro de mí se quebró. No solo estaba llena de mariscos —justo lo único que no puedo comer—, sino que además incluía un menú infantil. El repartidor, incómodo, bajó la mirada y se disculpó. Me explicó que mi esposo había encargado dos pedidos a direcciones diferentes, y que se había confundido. Dos pedidos. Esa idea se quedó flotando en mi mente, pesada, inquietante… imposible de ignorar. Sin pensarlo demasiado, fui a la dirección que aparecía en el recibo. Y ahí, frente a mí, la verdad tomó forma. En el jardín iluminado de una enorme mansión, lo vi. Mi esposo. Sonriendo como nunca conmigo. Estaba junto a una mujer y un niño, ayudándolos a recoger dulces de un árbol de Navidad decorado con esmero. El pequeño corrió hacia él y se lanzó a sus brazos con una naturalidad que me heló la sangre. —Papá, este año quiero un parque de juegos para mi cumpleaños —dijo, con los ojos brillantes. Él rio suavemente, como si ese momento fuera lo más importante del mundo. —Claro que sí… —respondió, pellizcándole la mejilla—. Y a mamá le regalaré un juego nuevo de joyas. La mujer se recostó contra su hombro, radiante, como si ese lugar siempre le hubiera pertenecido. —Amor, eres increíble con nosotros. Saqué mi teléfono, temblando, y grabé cada segundo de esa escena que ya no podía negar. Después, envié el video a mi abogado. “Necesito el divorcio lo antes posible… para que mi esposo pueda volver con su verdadera familia”.
Promesas al atardecer - Romance novels & stories
Bellefort
Tres días antes de mi boda, descubrí que Shane Dawson había cambiado el lugar de la ceremonia. En vez de celebrarla en la casa de la abuela Mae, en el sur, la trasladó al Castillo del Sol, un castillo de estilo gótico que Tania Collins, su amor de la infancia, adoraba. Fui a pedirle una explicación, pero antes de entrar lo escuché quejarse con un amigo. —Menos mal que Tania tiene buen gusto. De lo contrario, se habrían burlado de mí toda la vida. Su amigo le recordó: —¿No le prometiste que la boda sería en la casa de su abuela? ¿No te preocupa que se enfade y se niegue a casarse contigo? Shane soltó una risa orgullosa. —Los Quinn están al borde de la quiebra. Casarse conmigo es la única salida que le queda. No puede darse el lujo de arriesgarse. Ya le pedí al organizador de la boda que la llamara. Seguro que ahora mismo anda desesperada intentando cambiar su vuelo. La rabia y la humillación me consumían por dentro. Me mordí el labio y, al final, di media vuelta y me fui. Tres días después, la boda en el castillo se celebró como estaba previsto. Pero yo no cambié mi vuelo. No aparecí. En lugar de eso, en el viejo patio de la casa de la abuela Mae, intercambié anillos con otro hombre. Hasta el día de hoy, Shane sigue sin entenderlo. Yo nunca acepté casarme con él porque fuera mi única salida. Acepté porque lo amé durante diez años. Pero, cuando ese sueño llegó a su fin, también llegó el momento de elegir un camino diferente.
Mi menstruación expuso todo - Romance novels & stories
Mónica Herrera
El día antes de que me bajara la regla, encontré una nota en el teléfono de mi prometido. "Mañana le llega el período. Ya le guardé toallas sanitarias y analgésicos en el bolso." Sonreí. Era un detalle tan pequeño que me pareció muy considerado. Al día siguiente, un dolor ensordecedor me retorció la parte baja del abdomen. Pálida e incómoda, rebusqué en mi bolso cruzado. No había nada. Una mancha de sangre roja oscura empapó mis pantalones. Los estudiantes señalaron hacia mi espalda y comenzaron a susurrar entre risas incómodas. Supuse que simplemente se le había olvidado a última hora. Entonces, la nueva profesora en prácticas publicó en sus redes sociales: "Acabo de empezar a trabajar y mi profesor supervisor es un encanto. ¡Hasta me compró toallas sanitarias y analgésicos! ¡Este período ha sido completamente libre de dolor!" En la foto aparecían un paquete de toallas sanitarias, una tableta de ibuprofeno y una taza de té de jengibre. Los analgésicos eran míos. Llevaba años teniéndolos en casa por mis fuertes cólicos menstruales. Las toallas sanitarias eran de la única marca que mi piel toleraba. Apagué el teléfono y me quedé mirando durante largo rato el anillo de compromiso en mi dedo. Después me puse de pie y fui directamente a la oficina del director para solicitar mi ingreso al programa de intercambio docente en el extranjero. Siete años. Él seguía sin recordar mi ciclo menstrual. Y ahora, ya nunca tendría que hacerlo.
Cuando Dejé de Esperarte - Romance novels & stories
Luz Reyes
Mi prometido, Martín Salazar, tenía una regla extraña: después de las nueve de la noche no contestaba ninguna llamada. Ni siquiera hacía excepciones cuando estábamos en la etapa más apasionada de nuestra relación. En cuanto daban las nueve, colgaba sin contemplaciones. Una vez regresé tarde a casa y noté que un hombre me seguía. Presa del pánico, lo llamé, pero solo obtuve una respuesta cargada de impaciencia: —¿No puedes respetar mi horario de descanso? Voy a colgar. Aquella noche tuve que ir sola a la comisaría a presentar la denuncia y, aun así, sentí que no tenía derecho a reprocharle nada. Sin embargo, un día, mientras usaba su computadora, vi por casualidad en el registro de llamadas sincronizado con su celular una llamada que había comenzado a las nueve de la noche y terminado a las nueve de la mañana siguiente. Doce horas completas. Y no era un caso aislado: había registros similares casi todas las noches durante los últimos cinco años. Conocía muy bien ese número. Pertenecía a Lilia Robles, una estudiante de posgrado cuya directora de tesis era la madre de Martín y que, además, trabajaba como asistente de Martín. En ese instante, me quedé sin fuerzas. Permanecí sentada tanto tiempo que las piernas se me entumecieron. Después cerré la computadora en silencio y cancelé nuestra cita de matrimonio en el Registro Civil. Yo nunca había sido esa excepción. Y ya no estaba dispuesta a seguir esperándolo.
Antes de casarme, desperté - Romance novels & stories
Día de Lluvia
Durante el ensayo de la boda, nos pidió por tercera vez que repitiéramos el intercambio de anillos. Mi mejor amiga, Mariana, estaba a mi lado como dama de honor y, con una sonrisa traviesa, dijo: —A ver quién encuentra el anillo. ¿Dónde creen que lo escondí? Mi prometido, Nicolás, sonrió con resignación y empezó a decir dónde creía que podía estar. Yo, empapada en sudor, no podía apartar la vista de la caja vacía. Era otra vez el mismo jueguito de siempre. Cuando éramos niños, Mariana había escondido mi bufanda en el cuarto de calderas y Nicolás se había puesto de su lado, sin decirme una sola palabra. Pasé cuatro horas buscándola y, al final, lo único que encontré fue un pedazo quemado entre las cenizas. Antes del examen de admisión a la universidad, escondió mi credencial en la caseta del perro. Me arrodillé en el suelo para buscarla mientras Mariana me grababa y mandaba el video al grupo de la clase, riéndose de lo desesperada que estaba. Durante años pensé que, si seguía aguantando, algún día terminaría acostumbrándome. Pero ahora por fin lo entendía: ellos nunca iban a saber cuándo parar. —¿Podemos dejar de hacer esto? —pregunté con la voz temblorosa. Nicolás frunció el ceño. —Luci, es solo un juego. —Sí, siempre haces lo mismo. Nos arruinas la diversión —dijo Mariana, molesta. Los dos siguieron riéndose y hablando entre ellos como si yo ni siquiera estuviera ahí. Al poco rato ya estaban decidiendo qué iban a comer esa noche, como si el anillo hubiera dejado de importarles. Los miré un momento y me quité el velo. Ya no quería seguir buscando el anillo. Tampoco quería casarme.
Es hora de irme - Romance novels & stories
Raquel Valenzuela
Juan Shaw era el jefe de cirugía cardiotorácica más joven de Ciudad Puerto. Todos decían que tenía las manos más firmes y también que era el más insensible. Sin embargo, yo sabía que no era incapaz de mostrar ternura; ocurría que, simplemente, esa dulzura jamás estuvo destinada a mí. Al día siguiente de nuestro compromiso, mi padre sufrió un derrame cerebral repentino y lo ingresaron de emergencia. La enfermera me explicó que, por tratarse de un procedimiento de alto riesgo, necesitaba la firma de dos familiares directos en el formulario de consentimiento. Llamé a Juan enseguida; el teléfono sonó durante un largo rato antes de que atendiera. Al otro lado, se oían los débiles sollozos de una mujer. Era su exnovia, Whitney Jackson. —Whitney tiene una crisis de ansiedad y la estoy acompañando —murmuró Juan—. Pídeles en el hospital que inicien el tratamiento de emergencia primero. Apreté el bolígrafo hasta que los nudillos se me pusieron blancos. —El médico dijo que por la gravedad necesitan la firma de dos familiares. Mamá ya no está; solo te tengo a ti. Se quedó en silencio durante dos segundos, pero al volver a hablar, mantuvo el tono firme: —No seas exagerada. Aunque el hospital tenga sus procedimientos, no se negarán a salvarlo. Whitney ahogó un sollozo al otro lado. —Juan, no te quedes por mi culpa. Vete. Estaré bien sola, de verdad. —Quédate tranquila —respondió él al instante—. No me iré. Cuando terminó la llamada, la enfermera volvió a insistirme. Agaché la cabeza y me quedé mirando el anillo de compromiso en mi dedo. Lo había elegido Juan. En ese entonces, me dijo que el puerto siempre estaba cubierto por una densa niebla y que, si el anillo brillaba lo suficiente, me encontraría de inmediato. Aquel día, las luces blancas afuera de la sala de emergencias me cegaban. Estaba parada en medio de la niebla, pero no podía seguir esperándolo. Para cuando mi padre estuvo fuera de peligro, yo ya había pasado toda la noche esperando afuera de terapia intensiva. Al amanecer, por fin, Juan envió un mensaje: «Whitney ya se durmió. ¿Cómo está tu papá?». Observé el ferri atracado en el muelle tras la ventana. La niebla se había disipado. Había llegado el momento de irme.
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