El Precio de la Traición
¡¿Así que no pensabas ser mi esposa, cierto?
—Muy bien, Michelle. Si estás escondida viendo cómo hago el ridículo, escucha bien: ¡ya no te quiero! ¡Desde hoy, ya no eres mi esposa!
Y, furioso, lanzó al piso la cadena que me regaló, rompiéndola.
Liana se acercó temblando, intentando no pisar mi cuerpo, y se paró junto a Bruno.
—Bruno, ¿en serio esta cosa no es Michelle…?