Una Melodía para el CEO
«Así que, como se dará cuenta, puedo abrazarlo todo lo que se me pegue la m*****a gana, porque ninguna mujer en este mundo me lo puede prohibir, ¿queda claro?
—Me parece que a ti no te queda claro…
—Ok, ok —dice Amaro poniéndose en medio, dejando a Alessia detrás de él—. ¿Puedo hablar contigo unos minutos?
—¡Svetlana! Ponles ojo a esos dos, que la mocosa no se le acerque ni un centímetro.
Amaro sale con ella de ahí, le susurra un par de cosas que a Julieta la hacen abrir los ojos, abrir la boca y terminar riéndose de su amigo.
—Ahora entiendo que no me mires con ese odio con el que mirabas a todas las mujeres. Me alegra, Amaro, que bueno que encontraras tu mujer especial.
—¿Y tú?
—No, lo mío