Mi Rey
Miró la bandeja en la mesita de noche al lado de la cama real y su estómago gruñó con hambre, tanto hacer el amor la dejó con mucha hambre, pero, antes de que pudiera lanzarse a comer los bocadillos y el té que había en la bandeja junto con algunos pastelillos, encontró una carta allí y ladeó la cabeza con curiosidad, tomándola en su mano y examinando la letra.
Decía “Para la reina Kairi” en una caligrafía perfecta, impecable y elegante. Sin duda era de Tristan, que siempre hacía todo perfecto, tanto que llegaba a ser molesto. Cocinar, tocar piano, ser bueno en los deportes, ser inteligente, ser buen padre y ahora hasta ser buen marido. Lo peor era que incluso estaba mejorando su sentido del