La Cautiva y el Conquistador
O su reina o la justicia.
Sin un segundo que perder, Wolf salió corriendo de la habitación. Montó su caballo, un animal fuerte y veloz, y espoleó hacia el bosque con una urgencia que no había sentido desde la guerra. El viaje, que normalmente tomaba tres horas, se convirtió en una carrera contra la muerte. Con cada galope, se aferraba a la esperanza de que la anciana le hubiera dado la única solución posible. El caballo, sintiendo la desesperación de su amo, voló por los senderos como un rayo. En media hora, el pueblo de la Gente del Viento apareció en el horizonte.
Cuando llegó, desmontó de un salto y comenzó a gritar, desesperado, mientras corría entre las chozas de la tribu. —¡Zora! ¡Busc