Tú la elegiste a ella, él me eligió a mí.
Era un animal mediano, de pelaje color miel, sucio y enmarañado.
El perro levantó la cabeza al verlo y emitió otro gemido, débil y temeroso.
Alexander se agachó
— Hola, amigo... —susurró.
El animal intentó levantarse para alejarse, arrastrándose, y fue entonces cuando Alexander lo vio. El perro cojeaba de una manera terrible. Le faltaba una pata trasera, probablemente de nacimiento o por un accidente antiguo mal curado, y la pata delantera estaba en carne viva, infectada.