EL ALFA QUE NO PODIA AMAR, TENGO A TU CACHORRO.
— ¿De que hablan, no soy un drogadicto, estaba herido, con mucho dolor, esto fué lo único que encontré para adormecer mi cuerpo, ¡Y ahora estoy volando!
— Carajo, vamos a ir a buscar a Massimo, quédate aquí y no te muevas, vendremos a llevarte al hospital.
Los dos lobos salieron del cuarto, fué entonces que escucharon voces.
— ¿Cómo rompiste los grilletes? ¿Por qué tus ojos brillarán de esta forma? ¿Qué eres, señor?
Más el Alfa no respondía, el simplemente abrazaba a su luna, destrozado y sin raciocinio.