Golpes del destino
Cada rincón irradia un calor hogareño y acogedor, una sensación que ella nunca sintió en la fría mansión de Fernando.
Se sienta en la cama, el manto de incredulidad cubriéndola. Se casó. Está casada con el imponente, frío y temible, Máximo Fernier, el tío de su exesposo. Es una locura, una locura maravillosa que le ha dado un nuevo comienzo, la idea le saca una sonrisa tímida, imaginando que después de todo, ahora tiene una hija, y aunque sabe que la sombra de Cristina está en casa rincón, ella no tiene intenciones de borrarla, solo desea ganarse a Cristal, está impaciente por verla, aunque se siente nerviosa, la emoción la consume.