Alaric Kaiser
La han destrozado por dentro.
Luego es el turno de Chiara. Dos hombres la levantan como si fuera un peso muerto. Apenas puede caminar. Su estado es incluso peor que el de Margaret. La sangre seca cubre su rostro, manos y pies; su boca, hinchada e irreconocible, es un recordatorio cruel de lo que una vez fue. Dos mujeres hermosísimas, ahora reducidas a sombras rotas por sus decisiones.
Salgo detrás de Artem, siguiendo a las mujeres. Aunque no debería sentir satisfacción, la siento. Pensar que mi Liebling pudo estar en su lugar me revuelve las entrañas.