Prometo amarte. Solo hasta que tenga que decirte adiós
Entraron al apartamento sintiendo luego, luego la calidez del lugar ya casi era invierno, por lo que el frío se podía sentir hasta los huesos, Massimo se sorprendió al ver un gato pardo esperando atentamente en la puerta y otro de color negro durmiendo plácidamente en el sillón, Diana dijo:
— El primero se llama cheto y el segundo se llama Max, le puse así porque es medio huraño, pero los adoro con todo mi corazón.
— ¿Solo tienes dos? — Dijo en tono dudoso.
— Si…
— ¿Oye? ¿Por qué le pusiste Max?
— ¡No lo sé! ¡Tal vez me recordó un poco a ti! — Dijo soltando una ligera sonrisa.
— ¡Diana!
— ¿Quieres café o té?
— Café por su puesto…
— Bien… Déjame recordar cómo te gustaba.