Mi Prometida Ciega
Tadeo le estuvo marcando, pero Camila no respondió a las llamadas, después de un rato, el detective llegó a su departamento, ella había quedado de esperarlo ahí, la buscó pero no estaba, entró en la habitación y encontró la nota, salió corriendo a buscarla, presentía que algo no iba bien, ella siempre contestaba.
Camila despertó un rato después, estaba dentro de un lugar frío y oscuro, sintió que el piso se movía, agradeció no estar atada, comenzó a gritar pidiendo ayuda, una puerta se abrió, la claridad lastimó sus ojos, un hombre blanco, calvo, muy alto y corpulento entró de inmediato.
—Callate, aquí nadie te escuchara, estamos en alta mar, nos molestan tus gritos, si vuelves a gritar tend