No puedo evitar sonreír cada vez que pienso en «Mi chica» y en cómo la actuación de Anna Chlumsky le da vida a Vada Sultenfuss de una manera tan honesta y memorable.
Recuerdo que Anna Chlumsky interpreta a Vada, una niña curiosa y algo dramática que lidia con la pérdida, la amistad y los primeros desajustes del crecimiento. Su papel es el corazón de la película: todo el relato se siente desde su punto de vista, con esa mezcla de ingenio infantil y confusión emocional que ella captura perfectamente. Al lado de Vada, Macaulay Culkin interpreta a Thomas J. Sennett, el amigo adorable y vulnerable que aporta ternura y complicidad a la historia. Su química con Anna es lo que hace creíble esa amistad tan especial.
También hay que mencionar a Jamie Lee Curtis, que hace de Shelly DeVoto, la vecina y figura casi maternal, con un tono cálido y directo; y a Dan Aykroyd como Harry Sultenfuss, el padre viudo y encargado de la funeraria, que añade el contrapunto adulto y sensible. En conjunto, el reparto sostiene ese equilibrio entre comedia y drama que siempre me conmueve; ver «Mi chica» es volver a casa, y las interpretaciones son el motivo principal.