El despertar de la Guerrera Miller
La necesidad de que esa constante vibración, de torno de dentista, acabara de una vez por todas, fue lo que hizo que buscara con los ojos cerrados, por la cómoda superficie en la que, ahora descansaba, mi problemática resaca, dentro de mi cabeza.
Al fin lo localicé bajo lo que supuse era mi almohada, y sin pensarlo, aún con los ojos cerrados, intenté darle al botón lateral, para apagar el maldito móvil, pero entre que mi visión se hallaba reducida a un porcentaje cero, por motivos sobrados, y que mi coordinación era similar a la que tendría un pingüino en un frondoso bosque, lógicamente, para redondear ese maldito doloroso despertar, acabé descolgando el teléf