La promesa rota de la esposa
Y que las promesas, cuando se hacen con el alma, no se rompen: se transforman.
Antonia y Noah se miraron, y en sus ojos había una historia que no necesitaba palabras. Los años de lucha, de separación, de dudas, de reencuentros, todo quedaba atrás. Solo quedaba el presente. Solo quedaba el amor que había sobrevivido a todo. Sus manos, entrelazadas, temblaban con la emoción de un momento que habían esperado durante tanto tiempo.
—¿Aceptas a este hombre como tu esposo, para amarlo y respetarlo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida? —preguntó el oficiante.